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Antón Chéjov

Luis Fernando Charry reseña Antón Chéjov, biografía escrita por Natalia Ginzburg Acantilado, 2006 83 páginas

2010/03/15

Por Luis Fernando Charry

Antón Chéjov –breve biografía escrita por Natalia Ginzburg– retrata con maestría la vida del autor ruso. Chéjov nació en Taganrog el 17 de enero de 1860. Taganrog era una ciudad en decadencia, habitada por pocos ciudadanos, casi todos carentes de sensibilidad. Las calles eran oscuras. El agua no era buena. Y la calidad del pan estaba por debajo de la calidad del agua.

En esa ciudad, el padre de Chéjov tuvo una tienda donde vendía harina, granos y azúcar. La tienda –sucia, llena de ratones– también tenía una taberna. En ese lugar Chéjov hacía las tareas del colegio y servía vodka; de paso supervisaba la capacidad etílica de los clientes, que no era mala. Quizá por eso no fue un alumno destacado. De los clientes asiduos, Pavel Egórovich, padre de Chéjov, era uno de los que más vodka bebía. En general pasaba la mitad del día durmiendo y la otra, bebiendo. En el interregno andaba de mal genio. Aunque el señor Egórovich tocaba el violín y pintaba imágenes sagradas, era un tipo avaro y despótico. Esto no impedía que a menudo le encargara a Antón la contabilidad de la caja; cualquier desajuste financiero lo remediaba con el cinto.

A los quince años, Chéjov tuvo una peritonitis que le dejaría algunas secuelas: molestias intestinales y hemorroides. Se salvó gracias a los buenos oficios de un médico. De ahí tal vez tuvo la idea de estudiar medicina. En ese entonces empezó a escribir en los ratos libres. Escribía en su casa, en donde vivían sus hermanos –Alexandr, un borracho que solía insultar a su hermana y a su madre, y Nikolai, que también regresaba borracho tras largas ausencias– y algunos parientes que se quedaban por un tiempo. Esos primeros cuentos que Chéjov escribió fueron de carácter humorístico y aparecieron en El Despertador y El Espectador, dos de las revistas de mayor circulación en esa época.

Después llegó el invierno de 1884. Fue la primera vez que Chéjov vomitó sangre. No le dio importancia. Empezó a publicar libros de cuentos que no tuvieron una buena recepción. “El delirio de un demente”, escribió un crítico. Chéjov no les dio mucha importancia y continuó escribiendo y vomitando sangre en secreto.

Luego de sucesivas vacilaciones, Chéjov se casó con Olga Knipper el 25 de mayo de 1901. Quizá porque no creía en el matrimonio, y porque sabía que no tenía mucho tiempo por delante, Chéjov escogió como testigos de boda a dos estudiantes que nunca había visto. Los últimos días de su vida –recreados en el cuento Tres rosas amarillas, del escritor norteamericano Raymond Carver (otro desvergonzado discípulo del autor en cuestión)– fueron angustiosos e incómodos. Antes del amanecer del 2 de julio de 1904, y luego de tomarse una copa de champaña con el doctor Schwöhrer, Chéjov dejó de respirar.

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