Apología de la lenta escucha

Andrés Gualdrón reseña "The King of Limbs" de Radiohead.

2011/05/24

Por Andrés Gualdrón

El lanzamiento digital en febrero de este año de The King of Limbs, octavo álbum de la banda inglesa Radiohead, generó, como ya es tradición con sus trabajos, un enorme revuelo mediático en las redes y la prensa pocas horas después de ser dado a conocer. Mientras en mi timeline de Twitter se agolpaban opiniones particularmente negativas alrededor del material, cientos de reseñas en internet, hechas con el afán impetuoso de quien quiere cubrir una primicia, señalaban cómo al disco le faltaban dos de los elementos que le garantizaron a sus seis últimos trabajos el reconocimiento unánime: la capacidad de sorprender al público y de reinventar el lenguaje que hasta la fecha ya llevaban como banda.

 

No pude sino pensar que a veces los unos y los ceros, las voces de los fanáticos y las plumas afiladas de los “expertos”, apresuradas como son en cuanto a temas artísticos, hacen un ruido de fondo tan estridente que impide discernir el sonido mismo de la música. Así pues, con este trabajo preferí no unirme a los reclamos urgentes y permitirme un placer que la web 2.0 nos ha arrebatado a muchos: el de la lenta escucha, es decir, el de sumergirme en una obra y reconocer el proceso que produce en mí, dejando que avance tranquilamente a través del mundo de mis afectos con sus idas y venidas, sus instantes de euforia y los momentos que demandan una contemplación más tranquila.

 

Al escuchar el trabajo pensé en Radiohead como un grupo de artistas en un errar indefinido y en el álbum como una estación más en el intrincado viaje que han emprendido por el mundo de la experimentación: en él, el riesgo de no llegar todas las veces a un terreno fértil y magnífico sino en ocasiones a un territorio oscuro y árido, estará siempre presente. Encontré que hay algo de honesto e impecable en abandonar las pretensiones de cambiar la música con cada disco y mostrar sencillamente el punto del trayecto en el que se está, como una instantánea que permite ver el momento vital por el que el grupo transita. El sonido del álbum no deja de ser singular e interesante: nos sumerge en ambientes electrónicos totalmente abstractos (Feral), ritmos difusos (Morning Mr. Magpie), texturas acústicas (Codex, Give up the Ghost) e incluso temas dentro de un esquema pop más tradicional (Lotus flower) que con cada escucha adquieren mayor valor y sentido. En el disco se sintetizan de alguna manera tanto los momentos de experimentación más radical que trajo consigo Kid A (2000) como las texturas más cristalinas y emotivas de In Rainbows (2007).

 

Pienso en The King of Limbs como una obra menor, sin emplear el término de manera denigrante. Correrá en mi mente con la misma suerte con la que han corrido cientos de novelas, discos, cuentos, canciones y poemas menos populares, que reposan por años en la total quietud de anaqueles y carpetas de archivos, y cuyo valor no se encuentra en la fuerza con la que nos sorprenden y retan en el instante en el que las escuchamos sino en algo mucho más profundo y secreto: un buen día, el día correcto, una o dos de las canciones del álbum sonarán por azar y el momento específico en que nos encontremos las iluminará con plenitud, reforzará su significado, nos mostrará ángulos de ellas que hasta entonces no habíamos podido reconocer. Pienso que así debe ser escuchado The King of Limbs: sin prisas de asimilarlo instantáneamente, permitiéndole el tiempo que la buena música nos pide en ocasiones para poder desplegarse del todo.

 

The King of Limbs

Radiohead

$26.900


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