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Arabian Night

Nicolás Mendoza reseña La banda, un película dirigida por Eran Kolirin

2010/03/15

Por Nicolás Mendoza

La visita de la banda abre con un crédito que dice “Una vez, hace poco, una pequeña banda marcial egipcia llegó a Israel. No muchos lo recuerdan, no fue tan importante”.

Este enunciado es como un cristal que el director Eran Kolirin nos da para que interpretemos su película. En la frase: “No muchos lo recuerdan, no fue tan importante” se juega la película el todo por el todo porque al salir del teatro inevitablemente la recordaremos y nos haremos la pregunta: ¿es cierto? ¿no fue tan importante?

La película cuenta lo que ocurre a los integrantes de dicha banda durante las pocas horas en que se encuentran perdidos en el pueblo equivocado. Deben pasar una noche allí y retomar el camino correcto al día siguiente. En esa noche alcanzamos a conocer (muy superficialmente) a una serie de personajes, judíos y egipcios, que comparten algunas situaciones en diferentes escenarios. Cada uno de los músicos tiene una vivencia particular de esa noche. Tawfiq, el director de la banda, acepta reticente una cita con Dina, que es quien les ha dado posada, y los demás se dejan llevar por los acontecimientos que se les presentan con los diferentes lugareños.

Esta estructura hace de la película una endeble colección de pequeñas anécdotas. La desconexión entre las diferentes historias hace que cada una de ellas parezca gratuita, reemplazable, como canales de televisión en una sesión de zapping. La película entera es a lo sumo una anécdota no muy divertida. Al final no hay una sensación de que se haya construido algo. Nadie ha cambiado, y nada ha cambiado. Nosotros, el público, somos los mismos que antes de entrar al cine. Parece que, después de todo, el crédito del comienzo tenía razón: no fue tan importante.

Lo anterior no invalida una serie de virtudes que definitivamente están presentes en La visita de la banda, y que explican por qué se ha convertido rápidamente en una película de culto, ganadora de más de veinte premios en diferentes festivales alrededor del mundo. Visualmente es pulcra y económica. Tiene ritmo, humor y muy buena música. La actuación de Sasson Gabai como el teniente coronel Tawfiq es estupenda. Tiene además un cierto encanto; el aire curioso y juguetón de una noche árabe.

La prensa internacional resalta que en la película se muestran árabes e israelíes conviviendo en paz, pero si esta moraleja rosa es el sentido de la película, entonces tiene tanto interés intelectual como los afiches de “Amor es…” cuando muestran a un perrito y a un gatico envueltos en un corazón. Hay una escena que parece ofrecer una clave para entender de manera diferente el sentido de la película. Uno de los personajes comenta que ha escrito un concierto, pero no lo ha terminado; y su interlocutor le sugiere cómo debe terminar su concierto: “No con un gran final: sin trompetas ni violines… ni triste ni alegre, tan solo una pequeña habitación, con una lámpara, una cama, un niño que duerme y toneladas de soledad…”. Una verdadera apología del bajo perfil, a no pretender más de la cuenta. Esto es coherente con el “no fue tan importante” del comienzo que proclama entonces de manera literal la verdadera intención del director: hacer una película intrascendente.

Tal vez Eran Kolirin no pretendía crear nada más que una comedia ligera a partir de situaciones poco frecuentes, con buena música y una moraleja conciliadora. La mala noticia es que entonces no hay mucha diferencia entre La visita de la banda y las películas que hacen Adam Sandler o Meg Ryan.

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