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Arando bajo la lluvia

Director: Steven Spielberg. Actores: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, David Thewlis, Eddie Marsan y un caballo muy bonito.

Manuel Kalmanovitz reseña 'Caballo de Guerra', de Steven Spielberg.

Por: Manuel Kalmanovitz G.
Publicado el: 2012-01-18

Lloré dos veces en Caballo de guerra. Fueron lágrimas de las que salen fácilmente y de las que se secan fácilmente, y me parece sospechoso que ahora no recuerde en qué momentos de la película salieron. No estoy hablando de berridos y respiración entrecortada, que es algo que Spielberg ya ha logrado en mi caso (E.T., el extraterrestre), sino de algo mucho más leve.

De hecho, llamarlo llanto es exagerado. Se me salieron unas lagrimitas, eso fue lo que pasó. Pero sigo sin recordar cuándo o por qué y eso me da mala espina.

De un lado, podría uno pensar que tal reacción habla bien de la película. Quiere decir que es “emocionante” e “impactante”, como dicen en los periódicos. O demostración de que el cine tiene futuro, como también lo dicen. Pero no sé.

Lo que sucede es que Spielberg es un mago. Y John Williams, su compositor de cabecera, es otro mago. Y Janusz Kaminski, su director de fotografía, también. Y me temo que entre estos tres magos podrían hacer llorar a una piedra.

Pero que el llanto sea merecido, que se lo hayan ganado con su humanidad o inteligencia o agudeza o entendimiento de lo que significa ser humano…, no sé. Diría que no.

Las lagrimillas, me imagino, se debieron a una combinación de tres factores: pintorescos paisajes rurales ingleses iluminados por una hermosa y dorada luz del atardecer; luego, en la banda sonora, unos violines heroicos y arrolladores, masculinos pero sensibles; y, para terminar, gente mirando toda esta maravilla con la boca abierta, sorprendidos, anonadados, abrumados ante el espectáculo.

La película está basada en una novela infantil de 1982 sobre un elegante caballo parcialmente pura sangre (¿de sangre semi pura?) criado en el campo inglés pero que termina presenciando y teniendo un papel en la Primera Guerra Mundial.

Lo que vemos es su vida, desde que nace hasta que termina la guerra y vuelve a Inglaterra. Central en la película es la relación entre el caballo y el hijo del primero de sus amos, un muchacho que se enamora (figurativamente) de él, le pone nombre (Joey) y comienza a domarlo.

Al comienzo hay todo un problema sobre el caballo, porque el padre del muchacho lo compra sabiendo que no es un caballo para trabajar la tierra, aunque un caballo para trabajar la tierra es lo que necesita. Quizás también impresionado por la belleza del animal y por el desprecio que le genera el otro hombre que quiere comprar al animal (y que es el dueño de la tierra donde vive).

Pero el caballo es más versátil de lo que uno podría imaginarse, entonces esta criatura elegante, fuerte y delgada, termina arando una tierra para que el “malo” no le quite la tierra al “pobre sensible”, que además es borracho pero no por vicioso, sino porque “cosas terribles” que le han pasado antes, porque esas cosas no se puedan mencionar, aunque están relacionadas con la guerra y con servir a su país. Y es por detalles de estos que me parecen sospechosas las lágrimas. Porque todo es un cliché. El muchacho, el padre borracho y traumatizado, los atardeceres ingleses, la casa hecha de roca… y aún así, cuando el caballo ara la tierra bajo la lluvia, con la música de Williams y las imágenes de Kaminsky, resulta difícil resistirse. Uno puede decirse “qué falsedad” y al mismo tiempo llorar acompañando la lluvia en la pantalla.

Pero ese es sólo el comienzo. Luego va a la guerra, donde siempre encuentra un amo o ama que lo trata bien, que se da cuenta que el animal es especial, que es distinto a los demás. El clímax de la película sucede en un campo de batalla. Hay trincheras llenas de ingleses de un lado, y trincheras llenas de alemanes en el otro. En medio, el caballo.

Y frente a uno, posiblemente, las lágrimas. Pero no sé, me imagino que se parecerá a la sensación con la que terminan las vacas luego de ser ordeñadas por esos aparatos neumáticos: cierta desubicación temporal y la seguridad de que le acaban de pegar una manoseada que nunca terminará de entender.

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3 COMENTARIOS

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S

Publicado el 2/9/2012 4:49:03 PM
Nunce me he reido tanto con una crítica - que me da lo mismo si esta fundamentada o no, o con las palabras indicadas (¿Quién puede decir cuales son las palabras indican para describir el sonido de unos violines? No puedo ver menos objetividad en el asunto)-. E...fin: excelente.
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tommora1

Publicado el 1/31/2012 7:11:50 PM
Sr."Yojovik"..lea más , estudie más o por lo menos tenga un panorama respecto a la historia del cine ...que supercialidad y es crítico de que ??? ahhhhhhhhh y masculinos los...violines o ?? quién escribe o lee o piensa o , en todo caso gracias por NADA ..jTEL...ER
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Jeinzu

Publicado el 1/25/2012 1:59:52 PM
Yo en cambio no lloré durante la película, pero sí pienso que es mucho más profunda de lo que parece a simple vista, y sí se me quedaron grabadas ciertas imágenes (e ideas). Y, por cierto, los atardeceres naranja son un homenaje a los westerns de John Ford.