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Así hablaba el Guasón

Nicolás Mendoza reseña El caballero de la noche de Christopher Nolan

2010/03/15

Por Nicolás Mendoza

En un artículo reciente del Wall Street Journal, Andrew Kavlan compara a Batman con George W. Bush. El argumento es que ambos terminaron corrompiendo sus principios de justicia por recurrir a métodos parecidos a los de sus enemigos. La eterna duda sobre el fin y los medios es una pregunta moral que atraviesa toda la película, y que está resumida (desde un ángulo pragmático) en una frase premonitoria: “Se puede morir como un héroe o vivir lo suficiente para verse a sí mismo convertido en un villano”. Y entender que esa es la misma advertencia que se le hace a nuestro presidente desde hace años, resulta sorprendente: ¿No estábamos viendo Batman, una película sobre un tipo que vive en una ciudad ficticia y se disfraza de murciélago para combatir el mal?

La jugada maestra de Christopher Nolan fue convertir Ciudad Gótica en una ciudad de nuestro tiempo. La Ciudad Gótica de El caballero de la noche existe en algún lugar de Estados Unidos, con todas las contradicciones propias de la realidad actual. Seguramente hay un vuelo Ciudad Gótica–Bogotá, de unas ocho horas (si Batman viaja a Hong Kong, ¿por qué no a Suramérica?). El cambio de escenario, por supuesto, va más allá de lo cosmético: los personajes, sus conflictos, sus soluciones, todos son reales, creíbles, y universales. Nolan nos da algunas claves de su método en una entrevista: “Si quieres enfrentarte a Ciudad Gótica (como director), querrás darle peso, envergadura y profundidad. De manera que terminas tratando con sus figuras políticas, sus figuras mediáticas. Son parte del gran tejido que hilvana una ciudad”. El siguiente paso, que la película trascienda y sea universal, es casi inevitable si se es riguroso y se escucha lo que esta nueva Ciudad Gótica murmulla.

Si uno de los ejes de El caballero de la noche es la ética de la institucionalidad, el otro es la naturaleza de la demencia. La demencia como manera de entender el universo, como modo de vida. Al Guasón le gusta sustentar su posición: “Mira, nadie entra en pánico cuando las cosas van según el plan. Incluso si el plan es horripilante”. Desestabilizar “el plan” es fundamental cuando el valor supremo es el caos: “¡La única manera sensata de vivir en este mundo es sin reglas!”, y sigue: “Soy un agente del caos. ¿Sabes cuál es la cosa con el caos? Que es justo…” . Su coherencia en la demencia es perturbadora: “¿Parezco un hombre con un plan? Yo no tengo un plan. ¿Sabes qué soy? Soy un perro persiguiendo carros. No sabría qué hacer si atrapara uno. Yo tan solo hago cosas”. Cuando consigue la montaña de dólares que ha buscado durante toda la historia, lo primero que hace es quemarla: “Soy un hombre de gustos simples. ¡Me gusta la pólvora… y la dinamita… y la gasolina!”. La inestabilidad es la única norma. Hasta el pasado es inestable; durante la película cuenta la historia de sus cicatrices tres veces y las tres veces la historia es diferente. El maquillaje de nuestro Guasón, inspirado en los Papas desquiciados que pintaba Francis Bacon, es la materialización de su visceral lucha por el caos como la única estética posible.

El Guasón de Heath Ledger quedará para siempre como uno de los personajes más memorables del cine. Sin embargo, la verdadera estrella de este Batman versión 2008 es su director Christopher Nolan, a quien debemos agradecerle por esta joya. Su éxito proviene de un compromiso sin atenuantes: “Si las personas que están haciendo la película no la están tomando en serio —dijo— ¿por qué lo van a hacer los espectadores?”. Él se la tomó muy en serio, e hizo una de las mejores películas del Hollywood de los últimos años y, seguramente, la mejor del 2008. Parafraseando a Nietzsche, el Guasón concluye: “Lo que no te mata, te hace más extraño”.

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