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Barbarie y belleza

Daniel Vega reseña el disco-libro, Cantos de desarraigo: Travesía de la costa pacífica colombiana a Bogotá

2010/03/16

Por Daniel Vega

A principios de 2009, en estas mismas páginas, celebrábamos con cierta reserva la edición de Pacífico Colombiano: Music Adventures in Afro-Colombia, una bella compilación prensada en Holanda por el sello Otrabanda Records. Un año después, a pesar de que el Festival Petronio Álvarez gana prestigio oficial y de que ChocQuibTown ha logrado penetrar los mercados internacionales, no deja de ser irónico que otra nueva compilación de estas músicas marginales provenga de Europa.

Cantos de desarraigo: Travesía de la costa pacífica colombiana a Bogotá, es un disco-libro editado en España por la Fundación Contamíname para el Mestizaje Cultural y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo con el serio propósito de seguir poniendo en evidencia (no solo ante la comunidad internacional sino también ante la población colombiana, esto último es algo que por cierto resulta vergonzoso) la espeluznante realidad del desplazamiento forzado que han sufrido por más de veinte años las comunidades afro-descendientes del Pacífico colombiano.

Por fortuna este no es un documento oficial lleno de cifras y culpables ni tampoco es una colección de música pensada bajo el sospechoso fervor optimista del tipo Colombia es Pasión; acá hay un ejercicio de memoria colectiva donde no se oculta la barbarie para mostrar la belleza.

Bajo estos presupuestos, la antropóloga Adriana Molano, en conjunto con la historiadora Andrea Restrepo y el músico Mateo Molano, lograron atar dos cabos contradictorios de la realidad nacional para recapitular los horrores del desplazamiento forzado y cómo, a consecuencia de este, las músicas colombianas, en este caso las provenientes del sur y el norte del Pacífico, han sufrido procesos inevitables de mestizaje en la medida en que el desarraigo ha llevado a una buena porción de sus actores principales a instalarse en complejos urbanos como Buenaventura, Cali y Bogotá.

Así las cosas, una parte del libro-disco reúne dramáticos testimonios de campesinos, dibujos realizados por niños desplazados para el cortometraje animado Nacidos bajo el fuego y la sobrecogedora crónica Buenaventura, la resistencia negra a cargo de Alfredo Molano, quien también aporta un texto investigativo publicado originalmente en el libro Para que se sepa del Consejo Noruego para Refugiados.

Por otra parte, no como paliativo, la compilación musical deja ver algunas de las manifestaciones de corte urbano más relevantes en los últimos años como Choc- QuibTown, Bahía, La Revuelta, Tumbacatre, Saboreo, Mojarra Eléctrica y Comadre Araña. Al lado de ellos y como testimonio de resistencia pasiva ante el desplazamiento, nos topamos con grupos de marimba de chonta y chirimías tradicionales como Canalón, El Negro y su Élite, Ritmo Son, la Chirimía Tradicional de Leonidas Valencia, Zully Murillo, el Grupo Naidy y tres grabaciones inéditas (registradas in situ por Mateo Molano y Urián Sarmiento durante el trabajo de campo de la investigación) de legendarios maestros que hasta ahora obtienen visibilidad, como lo es el caso de Diocelino Rodríguez, Silvino Mina y Gualajo Torres.

Y como para que nada quede en el aire, los realizadores de Cantos de desarraigo han tenido la agudeza de intercalar, frente a esa realidad que nos obstinamos en dejar a un lado, textos muy puntuales (glosarios, fichas técnicas y entrevistas) para comprender, por un lado, que las músicas tradicionales del Pacífico colombiano no son solo expresiones meramente estéticas sino también experiencias políticas y sociales, y, por el otro, para que el lector-oyente se familiarice con el concepto Nueva Música Colombiana, tan mentado en estos últimos años por periodistas, músicos, investigadores y aficionados.

A pesar de que un raro sinsabor aparece después de la lectura de este libro-disco, su audición basta para darnos cuenta de que los colombianos no somos tan espantosos –ni tan felices–, como algunos nos han querido mostrar afuera.

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