Berlín secretoFranz Hesselerrata naturae$59.000150 páginas

Berlín secreto, por Franz Hessel

Alberto de Brigard reseña 'Berlín secreto', de Franz Hessel.

2014/09/23

Por Alberto de Brigard

En la década de 1920 tal vez no hubo rincón de Europa donde no se sintieran tambalear los fundamentos de las ideas y costumbres que hasta ese momento habían constituido la guía y seguridad para los buenos burgueses de esas naciones; sin duda, Berlín fue uno de los epicentros de tales sacudidas y eso hace siempre atractivo asomarse a esa época llena de premoniciones y cambios.

Desde nuestra perspectiva presente hay dos posibles aproximaciones a las descripciones de la vida cotidiana de esa época fascinante. Una es buscar en cada relato las semillas de las miserias y los horrores que hoy sabemos se desarrollaban debajo de esa confusa realidad; la otra es intentar rescatar de entre esa turbulencia los esbozos de mundos que nunca llegaron a ser, aplastados por la historia, pero que la literatura nos permite imaginar.

Las referencias de Franz Hessel sugieren que sus obras podrían ser ideales para esas visitas al pasado. Este alemán nacido en 1880 se describía a sí mismo como un paseante y recomendaba adoptar esa actitud como punto de partida para la creación literaria; la observación curiosa, desapasionada y un poco superficial de quien encuentra igualmente atractivas todas las calles que conforman una gran ciudad, permitirían al escritor trasmitir la esencia de la vida urbana contemporánea que, a su vez, debería ser el eje de la narrativa moderna.

Tristemente no puede decirse que Berlín secreto dé la talla para cumplir esos propósitos. Aunque sus personajes se mueven en sitios claramente identificables, con coordenadas precisas y se comportan como tal vez lo hacían los contemporáneos del autor, para sus lectores esos lugares podrían perfectamente ser escenarios pintados y los protagonistas unos malos actores que repiten líneas sin mucho contenido. Poco o nada de la vida en la que este autor aconsejaba sumergirse logra llegar a sus páginas.

La historia es sencilla. Durante un día entero seguimos los pasos de Wendelin Domrau, un buen mozo de 24 años, que no cuenta con nada distinto de su juventud y apariencia para darle alguna base o dirección a su existencia. Sin talentos especiales, Wendelin se debate entre escapar hacia el sur con la esposa de Clemens Kestner –un empobrecido pero reconocido profesor universitario de humanidades–, regresar a sus tierras de origen a trabajar bajo las órdenes de su tío, o seguir los pasos de Eissner, un comerciante y financista que ha logrado hacerse rico en pocos años de navegación por las caóticas rutas de la hiperinflación y de actividades oscilantes entre el comercio y la estafa. Al final del libro y la jornada, después de haberse movido entre casas elegantes, restaurantes de moda, pensiones baratas y cabarés que son apenas la antesala de burdeles para todos los gustos, Dumrau no está en mejores condiciones para decidir que al comienzo, y seguramente se prepara para reiniciar un nuevo ciclo que lo hundirá un poco más en la degradación y el desconcierto que lo rodean. Quizá con la pretensión de presentar una visión objetiva del mundo que describe, Henssel no explora el mundo interior de sus personajes; la contrapartida es que esa misma mirada desapasionada lleva a que el lector pueda ser completamente indiferente a sus y preocupaciones y destinos.

El libro tiene un breve epílogo de Walter Benjamin, amigo y colega del autor, quien sugiere que en esta obra se agazapaba un clásico. Benjamin también deja traslucir su idea de que la paciencia y la fortaleza de los intelectuales, encarnados en la novela por el cornudo Kestner, definen a la larga el curso de la historia, tanto cuando esta se escribe con y sin mayúsculas. Una mirada retrospectiva nos lleva a lamentar la magnitud de los errores del ilustre comentarista.

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