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Breviario de Santana

Rodrigo Restrepo Ángel reseña Breviario de Santana, un libro de Fernando Herrera Gómez Universidad Nacional 85 páginas

2010/07/02

Por Rodrigo Restrepo Ángel

Breviario de Santana, Premio Nacional de Literatura 2007, en la categoría de Poesía, podría definirse como un elogio de lo simple: de la realidad desnuda y austera, de la mirada escueta y precisa, de la palabra simple y sustancial. Uno creería que Breviario es un recordatorio del acto mismo de nombrar, de esa pulsión humana de congelar los objetos, de encuadrarlos y enfocarlos y tomarles la foto que los dejará idénticos a sí mismos para siempre; el gesto de bautizar un mundo con sus cosas: la boñiga, el granero, el toro, las montañas, unos huevos de pata, el viejo tractor, la leña, las heladas, el parto de una vaca, las mariposas nocturnas. Breviario sería un documento de resistencia al tiempo en favor del espacio y de la atmósfera, un sereno desafío a la extravagancia y la verbosidad en favor del ascetismo y la economía, una celebración silenciosa del detalle anodino que a fuerza de repetirse se nos cae en el olvido, en la ingrata barriga de la rutina que nos devora la atención de lo esencial. Sin embargo, no deja de haber algo oscuro y frío en Santana, quizás el fantasma de la muerte, representada en sus muros de barro y cal descascarados y desteñidos, en sus objetos ruinosos, cayéndose y oxidándose, mientras el musgo y la mata verde invaden y reverberan con la fuerza de la lluvia y el viento.

Breviario de Santana casi se parecería a los cuadros bucólicos de un artista de pueblo, un retrato a retazos de un universo de desolada hermosura. Fernando Herrera Gómez, su autor (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia en 1985 y ganador del Concurso Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus en 2002), lo define austeramente como “un libro de 60 poemas escritos en prosa, que narra un paisaje idílico de una hacienda de la Sabana, con dos o tres pinceladas sanguinolentas”. Pero este Breviario es, quizá, tan solo un breve viaje por los sustantivos que van tejiendo la red del mundo, hasta llegar, poco a poco y casi inadvertidamente, al sustrato, al sujeto que en el fondo lo sustenta y le otorga su sustancia y su sentido.

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