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Buen comienzo

Juan Guillermo Ramírez reseña Karmma: el peso de tus actos, ópera prima del director colombiano Orlando Pardo

2010/02/09

Por Juan Guillermo Ramírez

Se supone que a nadie le gusta sufrir, pero los buenos sentimientos se miran con desdén en el cine. En Karmma, última película del actor Orlando Pardo, ocurre que hay demasiados y tantos que causan una saturación crónica. Lo cual, de todos modos, no impide que Karmma, el peso de tus actos pueda ser reconocida como un intento de buena voluntad y solidaridades colectivas en medio de paisajes hermosos, llanuras y montañas.

El tema es el secuestro. Y al director Orlando Pardo podemos perdonárselo y comprenderlo: hasta ahora era desconocido actor de series de televisión como Hombres, dirigida por Carlos Mayolo. La película es una odisea basada en un caso real, para que no queden dudas de su verosimilitud, ocurrido en el Meta y Cundinamarca a finales de los años noventa. Guaco, el capataz de la hacienda La Diana, ve cómo la vida y la familia de don Juan Valbuena (una esposa que ya no lo ama y dos hijos) se derrumba debido a la ambición de poder y dinero de su hijo Santiago, que lo traiciona.

Hacía muchos años que el cine colombiano no presentaba una película con una fuerza excepcional en su producción, al lado de una historia tan enredada que parece deliberadamente construida para no entenderla. Las primeras imágenes impresionan y atrapan al sorprendido espectador: son secuencias acompañadas de una voz profunda, ronca y sentenciosa que afirma, mientras saca un cuerpo de un carro: “Cuando nacemos estamos destinados a morir, a la muerte hay que esperarla parado, es el inicio de todo”. Ése también es el inicio de un flashback de esta ópera prima.

El comienzo sorprende por su alto riesgo cinematográfico, por su manejo de cámaras y sonido. Además es interesante que el relato se fragmente en dos historias paralelas: la fiesta de cumpleaños en una hacienda con música del Cholo Valderrama y el secuestro de un gringo en un puente. La secuencia del secuestro es un logro admirable: el espectador ve cómo se planea el acto y mientras lo hace, asiste a las imágenes del propio hecho: el futuro le pisa los talones al presente. Lo visual y lo sonoro se independizan para complementarse coherentemente.

El movimiento vertiginoso de las cámaras, la cuidadosa fotografía, el adecuado uso de los efectos especiales, el montaje arriesgado y el sonido directo encuentran su virtuosismo en la pantalla y en la historia que se va centrando en el secuestro y la venganza. Pero el desarrollo de la narración se rompe y se fractura cuando llega el secuestro del hacendado; a partir de este momento la película cambia de rumbo, de ritmo y se pierde. El virtuosismo de la representación visual y sonora de la primera parte (hasta el secuestro del hacendado) se echa de lado y lo que molesta no es sólo su abandono formal, sino el moralismo de los diálogos, ese tono sentencioso de la narración y esa transformación abrupta y sorpresiva de los personajes que terminan convertidos en seres previsibles y proféticos.

De todas maneras, Karmma no es un mal comienzo. Esta ópera prima permite presentir lo que puede hacer Pardo en su próximo proyecto cinematográfico. El Festival de Cine de Bogotá 2006 tendrá su Karmma cuando se inaugure el 4 de octubre. El 6 se estrenará a nivel nacional.

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