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Buena alma

José Alejandro Cepeda reseña Vuelve Malalma, un intenso álbum de Malalma

2010/07/31

Por José Alejandro Cepeda

Se oye el rumor y el zumbar de las balas/ una nación del Caribe no es libre/ su litoral sueña con su enramada/ pero a su gente le importa el calibre. Con esta rima inicia Vuelve Malalma, un intenso álbum de un grupo nuevo que al parecer ya habíamos escuchado. Lo anterior es paradójico pero cierto: quizá Malalma significa el cierre de un círculo de exploración y el regreso a una sonoridad vital en las nuevas músicas colombianas, aquella urbana y folclórica que decantó en los años ochenta Distrito Especial, popularizó Carlos Vives, transpiró actitud con La Derecha y experimentó el Bloque de Búsqueda. Malalma es su compendio, tras recorrer los efectos del rock, la electrónica, el jazz y lo popular.

El precedente de este proyecto santandereano es el grupo Cabuya liderado por Sergio Arias —colaborador de Sidestepper—, uno de los más interesantes de años recientes que no se divulgó como merecía, donde existían los elementos que trascienden aquí: rítmica colombiana, trova urbana y entrega en directo. Arias continúa en Malalma su búsqueda junto a Édgar Jiménez concentrándose en el afrobeat, esas descargas africanas que encontraron acogida en Colombia. El enfoque de Chivomono (voz), Negro (bajo), Xei Velásquez (guitarra), Iván Cuy (Keytar), Adriana Ferrer (coros) y Pedro DobleIsaias (batería) ahora es más orgánico. Y también eléctrico, que no se debe confundir con electrónico, pues cada tema es independiente. Y además, la elección del reconocido Iván Benavides en la producción es incuestionable.

Su género, que llaman Electrocumbé, es una búsqueda y una muestra de lo que vive el país. Arias lo explica: “En Colombia está sucediendo una revolución musical, solo que debajo existe un colador implacable que va a filtrarlo todo, y eso está bien”. Por eso los músicos no deberían preocuparse por catalogar su música, sino en desarrollarla lo mejor posible. Malalma es buen ejemplo. Su virtud es producir un sonido grueso, una ráfaga de cortes imbatibles como “Las Reglas”, tema de la banda sonora de Perro come Perro. Con excepción de “Cocoloco”, una canción acompañada por solo una guitarra acústica, el álbum no da tregua. Convendría explorar más los matices a futuro, pero el ensamble es tan bien logrado que demuestran que muchas veces el acople y la fuerza no los alcanzan necesariamente en Colombia los grupos de rock que tanto presumen de furia, sino quizá algunos de salsa contemporánea y los indispensables de vallenato eléctrico (es hora de reconocer que el país cuenta no solo con destacados acordeonistas sino con bajistas que a veces los superan).

Malalma remata con una propuesta escénica que rescata el vaudeville y lo teatral en una tendencia en boga en Latinoamérica: el glam. No el frívolo de Moderatto (México) o Miranda! (Argentina). Tampoco el de David Bowie o T-Rex. Este, local, sería “Glam-Tropical”, más cercano al de Bowie en los setenta o de Roxy Music, donde era tan importante la composición como la expresión. Y Malalma coincide también con otra leyenda, Phil Manzanera (1951), guitarrista de Roxy nacido en Londres —de madre colombiana—en explorar, a la vez, las raíces latinas y universales. Ese Roxy Music de 2001 se parece al de Malalma, solo que desde contextos diferentes.

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