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Buenos Aires / Bogotá

Astrid Harders reseña Escucha, el primer disco de la banda colombo-argentina Serapia

2010/03/15

Por Astrid Harders

La definición de Serapia no está clara. Según la entrada de Google que se lea, es una santa mártir o un modelo de zapato deportivo, entre otras opciones (pues no existe la palabra en el diccionario). Fonéticamente hay más de uno que, confundido, entenderá “terapia”. Da igual, porque la definición pasa a un segundo plano cuando la música es sólida. Y aunque Escucha es apenas el primer disco de esta banda colombo-argentina, está claro que aquí hay potencial y refinamiento.

Desde la introductoria “Escucha” se abre un abanico de influencias y sonidos que invitan y motivan: guitarras a lo B-52s, armonías que suenan a Aterciopelados y una melodía tan pegajosa que parece conocida. Ahora, hay que tener en cuenta un valioso detalle: esta es gente que estudió música, gente que tiene formación auditiva y que, afortunadamente, no la aplica de manera pretenciosa. Así, las excursiones jazzeras de temas como “Ea” son digeribles y agradables; en medio de rasgados retro y un órgano Hammond es prácticamente imposible no relajarse. Adicionalmente, “Ea” contiene guiños a tiempos más cercanos, como son sus efectos de pedal prácticamente teletransportados del famoso desconectado Comfort y música para volar (1996) de Soda Stereo.

La amalgama musical que presenta Serapia refleja el ping pong entre dos ciudades. Esta agrupación cuenta con una cantante, un baterista y un bajista colombianos, radicados en Buenos Aires, y un guitarrista argentino, con más de un nexo con Bogotá. El diálogo de las dos ciudades no es evidente únicamente en el diseño del empaque del disco —un mapa que entrelaza a Teusaquillo con Palermo—, también es reconocible en las 12 canciones. “Fábula” evoca las épocas de La pipa de la paz de Aterciopelados y “Panqueque”, por ejemplo, evidencia el rocanrolero legado de Sumo. Tal matrimonio sonoro es afortunado, y hay que aplaudirlo, sobre todo en tiempos de fusiones hispanoamericanas forzadas y sobreproducidas.

Músico por músico, el equipo cuaja. Manuela Forero tiene una voz limpia, de rango amplio y con innegables nasalidades al mejor estilo de Natalia Lafourcade. Martín Quaglia demuestra que la versatilidad musical es un cimiento para cualquier banda. Este es un guitarrista que hace creíbles los acordes acústicos de una balada y al mismo tiempo le inyecta sabor al funk (como en “Pollo”). Santiago Rudas (uno de los gemelos de la película El Colombian Dream) no parece ser la clase de baterista que le da prioridad al volumen; más bien se enfoca en medir sus golpes y encajarlos delicadamente en cada compás. Juan David Cataño claramente sostiene con su bajo una base rítmica elaborada y potente (ejemplo evidente: “Manu duerme”).

La canción que mejor funciona como carta de presentación, y como estímulo para oídos no familiarizados, es “Feliz no cumpleaños”. La voz de Forero se estira sobre un charles galopante y sobre una cama de guitarras claras que desembocan en folclor acústico. Los cambios de tiempo construyen una canción pop fina, con varias sorpresas para deleitar. Al final llega la frase: Alicia, despierta / abre tus ojos / Serapia te llama. Funciona, hasta para el que no se llame Alicia.

Los invitados de Escucha son coherentes con la diversidad musical de la banda. Hay coros y versos de Verónica Orozco y, el aporte más adecuado de todo el disco, la trompeta de Leandro Merli.

Es así como Serapia, acompañada de un humor fácil de captar, se aventura a apostarle a la calidad, más que a los ganchos. Al mismo tiempo resulta siendo una banda que reta y ofrece un juego de interpretación para el oyente.

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