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Cambios, de Mo Yan

Cambios. Moyan. Seix Barral, 2012. 128 pàginas $29.000

Crítica Libros

No hay nada imposible

Por: Consuelo Gaitán

Publicado el: 2013-03-14

Más allá de las posiciones políticas que Mo Yan pueda producir en algunos sectores, su obra literaria constituye un testimonio imprescindible para la comprensión de las paradojas de un periodo histórico que Occidente y la China misma no habían logrado develar con la agudeza y contundencia necesarias. En libros como Sorgo rojo, La república del vino o Las baladas del ajo Mo Yan ha logrado recrear un mundo donde los protagonistas son los campesinos y trabajadores chinos, sobre quienes ofrece conmovedoras y penetrantes intuiciones de una profunda fuerza dramática.

Publicado dos años antes de que se le concediera el Premio Nobel, Cambios, un texto autobiográfico satírico, deja traslucir claramente que aquí hay una voz literaria original, y de gran hondura narrativa. Pese a ser una especie de divertimento de poco más de cien páginas, el lector se encuentra con la cruda descripción de las condiciones físicas y morales en que creció este niño, que no logró pasar del quinto año de primaria pues fue expulsado injustamente de la escuela. La arbitrariedad y el azar determinaron el destino de este campesino cuyas posibilidades de escapar de las precarias condiciones de su entorno eran casi inexistentes.

Además de su propia historia, el narrador decide contar paralelamente las aventuras de un compañero suyo de la escuela cuya actitud desafiante y temeraria terminaría, irónicamente, por convertirlo en un hombre rico y próspero. Y aquí vamos comprendiendo el sentido del enigmático título, Cambios: “Indudablemente, eso formaba parte de las cosas inconcebibles, lo que demuestra que los asuntos de este mundo sufren infinitos cambios y evoluciones, que la suerte reúne a las parejas predestinadas a través de las más extrañas e imprevisibles coincidencias. No hay nada imposible”. Esto lo escribió un hombre que por poco termina convertido en un satisfecho conductor de camiones en el Ejército y que no sospechaba ni remotamente que sería honrado con el premio mundial más importante del mundo de las letras.

El relato, que bien podría entrar dentro de la categoría de la sátira social, contiene escenas casi hilarantes, como la de una partida de ping-pong en la que una alumna se enfrenta con un profesor y la pelota termina dentro de la boca de este (Liu el Bocaza). Esta escena ilustra perfectamente la poderosa raigambre de las jerarquías en una sociedad despótica e injusta, y de paso le sirve al autor para contar su percepción de los cambios históricos ocurridos después de la muerte de Mao: “Ni en sueños habríamos creído que el presidente Mao moriría un día, pero murió. Creíamos que si moría el presidente Mao, sería el fin de China. Pero llevaba dos años muerto, y el país no solo no había llegado a su fin, sino que iba mejorando paulatinamente”.

El tono del libro, pese a ser una corrosiva crítica a la época maoísta y concretamente a los desmanes ocurridos durante la Revolución Cultural, no transmite una visión sombría de la vida. Por el contrario, hay un tono malicioso y sarcástico que lo hace un relato enteramente divertido; hay una cierta condescendencia con sus congéneres a quienes parece excusarles sus erráticos comportamientos pues los modelos éticos imperantes son de bien dudosos fundamentos. De hecho, el lector se pregunta qué habrá pretendido Mo Yan al terminar este relato contando un hecho que avergonzaría a cualquiera: como miembro del jurado de un concurso de ópera y ya con gran reconocimiento como escritor en su país, recibe como agradecimiento de parte de una antigua compañera suya de clase (cuya hija ha sido seleccionada por méritos propios al concurso), la suma de diez mil yuanes.