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El camino de regreso

Santiago Gamboa viene tratando en su literatura lo que seguramente también ha sido uno de sus temas biográficos: haber sido un inmigrante que ahora regresó a Colombia. En su última novela, 'Volver al oscuro valle' reflexiona en torno al desarraigo y la inmigración.

2017/01/24

Por Camilo Hoyos

Desde El síndrome de Ulises (2005), Santiago Gamboa viene reflexionando en su literatura lo que seguramente también ha sido uno de sus temas biográficos: haber sido un inmigrante que ahora regresó a Colombia. Así es como la vida de Gamboa en París, Roma, Madrid, junto con sus ya lejanos viajes a Oriente donde escribió Octubre en Pekín y le dio fuelle para escribir Los impostores, a la vez que su reciente vida en Delhi, han hecho de él un autor que reflexiona en torno al desarraigo y la inmigración, comenzando con la que resulta más acuciante en su última novela, Volver al oscuro valle, que conocemos de sobra en la vida diaria: la vida de los latinoamericanos que regresan ahora a sus países. Esto es, que el regreso nunca se cumple en la medida en que como viajeros estamos en constante fuga del lugar de nuestra cuna, y esto nunca nos permitirá reconocer en el lugar al que volvemos aquello que dejamos: somos otros desde que nos convertimos en viajeros. Esto es lo que les ocurre a algunos de los personajes de esta novela, comenzando por Manuela Beltrán, una joven con un pasado violento, de propensión a la ninfomanía, y de búsqueda de paz a través de la poesía, que termina estudiando filología en Madrid gracias a una beca que le da la oportunidad de salir de Colombia, solo para darse cuenta allá de que lo que más querrá hacer es regresar al país para vengar a su madre. Junto con Juana y el cónsul, viejos personajes de Gamboa, Tertuliano, un neoprofeta ecologista que mezcla la conciencia ambiental con el paramilitarismo, y la historia de Ferdinand Palacios, un sacerdote paramilitar, se fraguará un motivo para regresar al oscuro valle del cual aparentemente sus personajes nunca salieron del todo.

Pero las novelas, y esto también lo aprendimos como jóvenes lectores de Gamboa, no son solamente sus intenciones, sino la manera como desarrollan sus empresas novelescas. En la medida en que la novela tiene como trasfondo el momento de crisis migratoria europea, las negociaciones de paz en Colombia y el terrible historial de atentados y masacres indiscriminadas en nombre del Estado Islámico en ciudades europeas, la historia cuenta con tanta veracidad como flaquea en verosimilitud. Se tiene la impresión de que son muchas páginas para contar muchas historias que al final carecen de tensión narrativa. Es una novela que utiliza como mecanismo literario la escritura de sus personajes, pero no demuestra un registro polifónico que diferencie las distintas escrituras; contiene muchos registros un tanto desiguales que a veces dan la impresión de ser un collage de historias. Hay episodios que ocurren de manera algo arbitraria o con una sencillez exenta de cotidianidad que no permiten que el lector entre de lleno en la historia.

Algo que el lector echará de menos es la falta de tensión narrativa que conlleva lo poético en la historia, tanto como producto de escritura de sus personajes como atmósfera que la obra propone para su desarrollo. Ocurre que hay novelas que hablan sobre poesía, y otras dan el salto y se convierten en esa poesía de la que hablan. Esta es la diferencia entre decir y mostrar. La figura del poeta francés Arthur Rimbaud está detrás de las historias como el epítome del poeta que está en constante fuga, pero su historia dentro de la novela parece desfragmentada, en la medida en que termina funcionando como una especie de paráfrasis explícita de la biografía de Enid Starkie publicada en 1962 (un personaje dice que la está leyendo y nos trae los sucesos que más le llaman la atención). Al final del camino, no sabemos por qué estamos leyendo la historia de Rimbaud, si ya contamos con la biografía. Más interesante hubiera sido enfocar la figura del poeta desde su correspondencia completa, Prometo ser bueno (Ed. Barril & Barral), para así tener la impresión de estar frente al poeta sin el lente intermediario de Starkie. Quizás entonces el personaje de Rimbaud viviría de manera autónoma en esta novela. Reconocemos así la historia que quiere contar Gamboa con sus subtextos, pero no la encontramos en la estructura de su novela.

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