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Las narrativas del país del nunca jamás

'Historias de un país invisible', escrito por Pilar Lozano e ilustrado por Daniel Rabanal, retrata la realidad que surgió tras la firma de la paz con las FARC, en esquinas geográficas de Colombia, de las que a duras penas se conocen sucesos de sangre y muerte.

2017/05/22

Por Camilo Hoyos

En una de las más representativas crónicas del conflicto armado en el país, Alberto Salcedo Ramos se pregunta si acaso la televisión ha intentado mostrarnos el escenario que está más allá de las balaceras y de los muertos. Se pregunta qué tanto nos han enseñado sobre ese país que “nos queda lejísimos a quienes habitamos en las grandes ciudades, el país de los lagos que solo vemos en las clases de geografía, el país que abandonamos a su suerte para que se lo comieran el hambre, la maleza y los infames de todo pelambre”. Frente a la firma de la paz puede ser que finalmente podamos conocer distintas regiones del país no por las masacres que allí acontecieron, sino por las narrativas que deberían comenzar a brotar.

Pilar Lozano, autora de Era como mi sombra (SM, 2015), nos ofrece junto con unas ricas ilustraciones de Daniel Rabanal, una serie de relatos que son en realidad historias de nuestro país invisible. Se trata de un libro que surge de sus viajes como periodista y promotora de lectura a esas esquinas geográficas de las cuales a duras penas pudimos saber algo que no fuera sangre y muerte. Durante los viajes, un niño de 13 años le dijo que “la paz es esperanza, es como una brisa que acaricia la cara. Es caminar sin miedo a que aparezca detrás de una mata un armado o en el cielo un helicóptero baleando desde arriba”. Afirmación incomprensible para quienes vivimos en la ciudad.

Lozano retrata una realidad que sucedió a la firma de la paz con las Farc en Toribío, Cauca, un municipio que aguantó 16 tomas guerrilleras y sufrió una “chiva bomba”. Allí conoció a los profesores de la Institución Educativa El Sesteadero, cuyo principal objetivo era el de no dejar que la guerrilla fuera mejor opción de vida que las aulas escolares, y ahora goza del regreso de los niños que estuvieron en las filas armadas a la lengua nasa yuwe. También visitó Granada, Antioquia, un municipio que primero tuvo que superar los ataques del ELN, luego de las Farc, por último de los paramilitares, para ahora intentar llevar una vida en la que prevalezca la inclusión y la comprensión. Para esto, practican el “golombiao”, que es fútbol sin árbitros (es decir sin tarjetas y practicando la contención), cuya regla, entre otras, es que el primer gol solo vale si lo anota una niña. Practican ahora siete principios fundamentales para la vida: la no violencia, cuidarse y cuidar a los demás, igualdad, solidaridad, cuidar el entorno, participación activa y libertad de expresión. En Belén de los Andaquíes, Caquetá, conoció la Escuela Audiovisual Infantil, creada por Alirio, quien ya se había inventado la “radiocicleta” (una emisora en bicicleta), y que se inventó la iniciativa para documentar la vida del municipio a través de las cámaras. Cuentan ahora con más de 250 archivos audiovisuales en la dirección www.youtube.com/eaudib. Por último, en Istmina, Chocó, donde Lozano comprobó (para esperanza de los que creemos en eso) que la lectura sí es un instrumento de paz, conoció a Sandra, quien se inventó el programa El Paseo de la Lectura para que los niños tuvieran acceso a los libros y, por lo tanto, a ser más tolerantes con los demás.

El libro es un ejercicio de visibilización del “país del nunca jamás”, como lo llama Salcedo Ramos en su crónica, cuya identidad ahora no reside en la violencia y en las masacres. Detrás de estos relatos hay siempre rostros que habían permanecido en la oscuridad de los casquillos de balas derramados por el suelo. Más que un homenaje se trata de un llamado a visibilizar a los gestores culturales, a los maestros, a los multiplicadores que trabajan en campo y región, quienes con las uñas han logrado introducir pequeños cambios. Los grandes cambios no resultan de los proyectos que llegan a miles de personas: a veces comienzan por grupos de diez. Se trata de un libro que nos recuerda que nuestro propósito debe ser el de empoderar a las comunidades para que muestren las caras de esas realidades invisibles para nosotros en la ciudad. Porque es evidente que desde los núcleos urbanos la realidad no cambiará.

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