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Cena en el infierno

Natalia Guerra reseña la película 300, una adaptación de la novela gráfica de Miller

2010/03/15

Por Natalia Guerra

Los cortos de promoción de la película 300 pronosticaban que lo que sentiríamos tras verla sería una emoción extrema seguida de ganas de morir en algún acto heroico para, finalmente, “esa noche… cenar en el infierno”.

Esta es la historia de los trescientos guerreros espartanos en la batalla de las Termópilas comandados por el rey Leonidas que los aboca a una victoria imposible. Quien vaya a verla tendrá que estar dispuesto a enfrentarse con incontables apuñalamientos, mutilaciones, cortes, decapitaciones y mucha, pero mucha sangre. Esto porque la desventaja es evidente: Leonidas y sus trescientos soldados se enfrentan al poderoso ejército de Jerjes compuesto por, aproximadamente, ciento veinte mil hombres.

300, dirigida por Zack Snyder, es la adaptación de la novela gráfica de 1998 del mismo nombre creada por el dibujante Frank Miller (Sin City, Dark Knigth) y Lynn Varley, su esposa. Miller dijo en un reportaje que, al ver la película Los 300 espartanos, siendo muy niño, quedó impresionado: nunca había visto una historia en la que alguien hiciera lo que tenía que hacer y que eso le costara la vida. Por eso, creó esta aventura en la que Leonidas y los trescientos detendrán a Jerjes tan solo durante tres días. Su gloria consistirá en legar su historia a otros guerreros para así motivar la unión de los griegos quienes, finalmente, lograrán vencer a los persas en Platea.

En la película, al igual que en el libro de Miller, el espectador se ubicará fácilmente. Están bien definidos los dos bandos y los móviles, y eso hace simple una historia de la que no se debe esperar sino acción. En este caso, una acción que como en todos los relatos épicos siempre enfrenta al bien y al mal. Tanto Snyder como Miller se cuidaron muy bien de definirlos: los buenos son hombres cubiertos con capa, escudo y casco, musculosos y formados con excesiva disciplina, golpes, dolor y pruebas; soldados que tienen la capacidad de no sufrir ni de compasión ni de miedo y que van a la guerra a pesar de las predicciones adversas del oráculo. Los enemigos, en cambio, tienen los ojos negros, siempre están cubiertos, son deformes, portan máscaras, utilizan armas no conocidas y van acompañados de monstruos de otras tierras dominados por el látigo. Al frente de ese ejército del mal está Jerjes un tirano de tres metros, vanidoso, que se cree un dios al frente del ejército más temido en Asia.

Las “locaciones” fueron creadas en computador, así que dan la sensación de ser un decorado de video juego o de escenografía de teatro. La cámara muestra intensas tomas lentas de las coreografías de lucha en las batallas, y allí la película, protagonizada por Gerard Butler y Rodrigo Santoro, encuentra ritmo y tensión: el asunto es de fuerza y destreza, no de miedo a la muerte. La consigna de esta historia es: sin piedad y sin prisioneros.

La película, sin embargo, agrega una subtrama inexistente en el cómic, que no resulta sino desafortunada. La Reina Gorgo (Lena Headey) debe defender y apoyar políticamente a Leonidas, su esposo, buscando en Esparta el consenso. Y ahí el gran punto flaco del film: se alternan imágenes que justifican la batalla –campos de trigo, niños con cara de desesperanza y música como de Enya–, que le pone una carga de melodrama rosa que no era necesaria. En todo caso, 300 es capaz de convencernos, gracias a las batallas y su buena factura, a su emoción y a su fuerza, a sus héroes y a sus malvados de que, después de verla, en efecto, dan ganas de ser un héroe y tener una cena en el infierno.

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