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Cenizas y resurrección

Luis Fernando Charry reseña Una tumba para Boris Davidovich de Danilo Kis

2010/03/15

Por Luis Fernando Charry

Las primeras líneas de ‘La navaja con la empuñadura de palo de rosa’ –uno de los siete relatos que componen Una tumba para Boris Davidovich– se puede entender como una constante artística en la obra de Danilo Kis: “La historia que sigue a continuación, una historia que nació de la sospecha y de la duda, tiene la única desgracia (que algunos llaman suerte) de ser verdadera: ha sido manuscrita por personas honestas y testigos fidedignos. Sin embargo, para que fuera verdadera de la manera de la que su autor sueña, tendría que ser contada en rumano, húngaro, ucraniano o en yiddish; o, mejor aún, en una mezcla de todos esos idiomas”. De esa mezcla –presencial e idiomática (como ‘testigo’ de una serie de hechos que deben ser recreados con un estilo entre detectivesco y poético– surgirá su propio lenguaje: el lenguaje universal de la infamia.

Vamos por partes.

Danilo Kis nació en Subotica, Serbia, en 1935. Antes de cumplir los diez años, su familia se trasladó a la capital de la provincia de Voïvodina, donde se llevó a cabo una de las más grandes masacres de judíos y serbios a manos de fascistas húngaros. Eran los tiempos de la segunda guerra mundial y era la primera vez que Kis veía –muchos de sus amigos estaban clavados en la nieve– el horror, la muerte y la guerra. En esa misma época, su padre fue enviado a Auschwitz, donde fue asesinado por los alemanes. En 1947, por intermediación de la Cruz Roja, Kis fue repatriado con el resto de su familia a Montenegro. En Belgrado, se convirtió en uno de los más destacados integrantes de la primera promoción de especialistas en Literatura Comparada de la Universidad de Belgrado. Luego llegaron sus primeros viajes a París, donde trabajó como lector para la universidad de Estrasburgo.

En 1979, luego de una campaña de acoso por parte de la Unión de Escritores de Yugoslavia tras la publicación de Una tumba para Boris Davidovich, Kis fijó su residencia definitiva en París. El libro que motivó el acoso, que se podría leer como una novela compuesta por siete partes independientes, retrata la vida de unos personajes sumidos en la opresión: en ese punto convergen las ideologías recientes, la burocratización de la sociedad o las formas arcaicas del fanatismo, elementos recurrentes en esta obra marcada por el desmoronamiento moral. Con un tono enfático, con una virtuosa actitud de denuncia, Danilo Kis esculca en los rincones más oscuros de la condición humana (entiéndase lo que se entienda por esto) y recrea el pasado con la minucia de un investigar privado.

En uno de los mejores relatos/capítulos del libro –‘El mágico circular de los naipes’–, se lee: “El doctor Taube, Karl Gregorievich Taube, fue asesinado el 5 de diciembre de 1956, apenas dos semanas después de su rehabilitación oficial y tres años después de su vuelta del campo de trabajo de Norilsk. (Sin contar con la prisión preventiva durante la investigación, Taube pasó diecisiete años en los campos de trabajo). Este asesinato permaneció sin esclarecer hasta junio de 1960, cuando en Moscú fue arrestado un tal Kostik Korchunidze, apodado el Artista, o el Águila, experto en cajas fuertes, el ‘cajero’ número uno, respetado en los bajos fondos como el rey de los ladrones”.

Asociado con figuras de la talla de Kafka o Bruno Schulz (y admirado por la difunta Susan Sontag), la lectura de la obra de Danilo Kis a menudo se convierte en una rara epifanía.

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