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Cine de televisión

Franco Lolli reseña La Pasión de Gabriel, la segunda película del director colombiano Luis Alberto Restrepo.

2010/03/15

Por Franco Lolli

En La Pasión de Gabriel, la segunda película del director colombiano Luis Alberto Restrepo, resuena trágicamente una célebre cita de Jean Luc Godard: “Cuando uno va a cine, levanta la cabeza. Cuando ve televisión, la agacha”. Porque es evidente que el filme, a pesar de ser proyectado en 35 mm, de durar más de hora y media, y de haber sido estrenado con gran pompa en las salas nacionales, es una obra, no de cine, sino de televisión.

A partir de una idea que habría podido dar lugar a una excelente película (el cura de un pueblo azotado por la violencia, al mismo tiempo que lucha por ayudar a su comunidad, tiene una relación amorosa con su vecina), Restrepo nos entrega un objeto torpe y superficial, y lo que es más grave, carente de singularidad. Y a pesar de interesarse por algunos de los temas contemporáneos más urgentes que es posible abordar en este país, como son la relación de un pueblo con los ejércitos enfrentados que lo rodean, el peso que la Iglesia católica ejerce sobre las costumbres, o la corrupción que se vive dentro de las instituciones, la cinta en nada nos acerca a un íntimo conocimiento de tan delicadas realidades.

Las razones son varias, y van desde la evidente falta de trabajo en la escritura del guión —plagado de primeras ideas y lugares comunes— hasta la falta de encarnación de los personajes —causada por un casting insípido y una pésima dirección de actores— pasando por una fotografía poco inspirada. Pero no es interesante enumerarlas de manera exhaustiva, ni tampoco explicarlas separadamente, pues el verdadero problema es más profundo, y concierne al tipo de representación que propone la cinta, que no es otro que el que se maneja en la televisión colombiana, y que tanto daño le ha hecho a la cinematografía nacional al contaminar tanto las obras como la mirada de los espectadores.

Aunque es comprensible que existan puentes entre una televisión poderosa y un cine que aún no se ha logrado consolidar como industria, uno habría esperado que Luis Alberto Restrepo (director de las telenovelas Sin tetas no hay paraíso y El cartel de los sapos, pero también editor de Rodrigo D: No futuro, una de las mejores películas de la historia del cine colombiano) los atravesara sin trasladar los métodos de trabajo de la pantalla chica.

La consecuencia es que, como en las telenovelas, en esta película el único interés de las escenas y de los diálogos es de carácter informativo, por lo que, aun con los ojos cerrados, podría entenderse perfectamente la trama. Todo parece pensado para que ni el espectador más ignorante y distraído se pierda de nada. Por desgracia, esta constante preocupación termina por instrumentalizar a los personajes e impide que la película transmita una emoción auténtica o sugiera una idea mínimamente compleja.

No se puede hacer cine de la misma manera como se hace televisión, y menos como esta se hace en Colombia. De lo contrario sucede lo que en La Pasión de Gabriel: que las ideas que intenta desarrollar el autor (por lo demás verdaderamente nobles), terminan sin tener peso y desaparecen casi de inmediato, como ocurre con cualquier otro producto de consumo.

Más allá de esto, es interesante preguntarse hasta qué punto es aceptable representar un pueblo que carece de imágenes de sí mismo a través de estereotipos edulcorados, por ejemplo, utilizando a una vedette de realities con corte de pelo a la última moda urbana para personificar a una muchacha de pueblo.

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