RevistaArcadia.com

Cinismo

Manuel Kalmanovitz reseña Algo huele mal dirigida por Jorge Ali Triana

2010/03/15

Por Manuel Kalmanovitz G

La sinopsis abreviada de Algo huele mal sería algo así: un ejecutivo le miente a su mujer para poder irse a ver con su amante. Dice tener una comida de negocios con un par de argentinos en el club El Nogal, con tan mala suerte que esa noche explota la bomba que dejó una treintena larga de muertos y un par de centenares de heridos. Así que el ejecutivo infiel debe mentir.

Sí, eso es lo que pasa en la película. No es un chiste. En serio. Eso pasa. Explota una bomba, mueren decenas, se hieren cientos y la película es sobre un ejecutivo que no sabe qué hacer para quedar bien con la esposa.

A ver. Es deprimente tener que explicar lo que eso tiene de malo. Es como explicar que saquear tumbas es malo o vivir sin sentir compasión por nadie es malo; lo que está mal es tan básico que resulta difícil ponerlo en palabras.

Pero intentemos. Es terrible que un hecho real, con todo el dolor que traen hechos trágicos como el que acá nos ocupa, sea utilizado en una ficción tan trivial. Y sí, al final hay un letrero que dedica la película a esos muertos y heridos, pero es un letrero que contradice la hora y media que lo precedió. En la película misma, las víctimas aparecen más bien como bobazos fácilmente engañables que no dicen más que sandeces.

La mejor forma de rendir un homenaje a las víctimas de cualquier tragedia masiva es tratar de entender lo sucedido con inteligencia y cabeza fría, ver lo que pasó, el contexto, las causas; ver la humanidad de lo ocurrido y enfrentarse con valor a las conclusiones que sean. Pero acá no hay ningún intento de entendimiento. Al contrario, lo que se trata es de no entender nada, volverlo todo cliché, negar el peso moral de las acciones de los personajes, volverlo todo un artículo picaresco de revista masculina.

El problema no es que se parta de un hecho actual, claro, sino la actitud básica en que se hace. En la película el cliché coopta la realidad y, al hacerlo, disminuye y banaliza el sufrimiento. Es una película que afirma que todo es espectáculo.

Porque en la trama, el problema central no es el dolor, la vergüenza o la mentira de los personajes; el corazón de la película es el miedo a quedar mal. Es pura fachada. Como el personaje principal pidiendo un Buchanan’s de dieciocho años en un bar, o citando a Borges o a Woody Allen. Es apariencia de conocedor, apariencia de intelectualidad.

El énfasis no está en saborear ese whisky de dieciocho años o en disfrutar las ideas de Borges o Woody Allen, sino en la declaración de su disfrute. Los placeres no existen en sí mismos, solo existen si hay un espectador que reconozca la sofisticación y gran clase del “disfrutante”. Ese es el logro del provincialismo ilustrado: atesora la cáscara del placer y se deshace de la nuez.

Una actitud irritante en sí misma, pero pasable si se queda en su reino aislado. Ahí está en las revistas y en la cabeza de quienes leen las revistas y en los conjuntos cerrados construidos para que ellos y ellas vivan y vayan de vacaciones. Pero cuando esa actitud da el salto a la realidad, cuando esa banalidad carcome-cerebro se siente con derecho a comentar sobre el dolor humano, ahí hay que decir no más y alejarse corriendo.

Algo huele mal es una película cínica, triste a su pesar, banal hasta la médula –tan banal que es inconsciente de su superficialidad. Es irritante como una conversación de yuppies en un vuelo de avión. Lo bueno es que al final se termina y puede uno salir al mundo y ver que no es así.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.