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Ciudad de ladrones

Alberto de Brigard reseña Ciudad de ladrones de David Benioff Seix Barral, 2008 347 páginas

2010/07/02

Por Alberto de Brigard

Una persona que sobrevivió al sitio nazi de Stalingrado tiene, casi seguramente, recuerdos más que suficientes para darle sustancia a una novela. Si uno tiene talento para escribir y esa persona es su abuelo, la escritura de ese libro casi termina por ser una obligación.

Ese puede ser el caso de David Benioff, un neoyorquino de 38 años que debutó hace ocho con una novela llamada La última hora, que fue llevada rápidamente al cine, en parte porque la especialidad de su autor es la creación de guiones, dado que es el adaptador de obras que abarcan el amplio rango que va desde La Ilíada hasta los X-Men, pasando por la exitosa Cometas en el cielo.

En 1941, Lev, el personaje basado en el abuelo de Benioff, era un muchacho desgarbado, con una nariz que atraía los chistes y los peligros muy serios a los que estaban expuestos los judíos en ese momento de la historia. Kolya, por el contrario, era un joven atlético, muy buen mozo, que presumía de donjuán. Accidentalmente terminan asociados en una misión absurda: encontrar una docena de huevos para el ponqué de boda de la hija de un alto oficial del ejército, en una ciudad en la cual los habitantes tienen que acudir desde hace meses a las prácticas más extremas para aturdir un hambre que nunca consiguen aplacar del todo.

Las peripecias de Lev y Kolya son narradas con un tono humorístico amable, curiosamente alejado del cinismo del humor negro. Este es el rasgo más destacable de la novela, que logra rescatar algo de humanidad en una sucesión de anécdotas que presentadas de manera más cruda quizá serían intolerablemente brutales. A pesar de que apenas nos asomamos al mundo interior de los protagonistas, estos terminan por ser figuras entrañables, cuya historia seguimos con interés y compasión, en un relato entretenido y bien construido. Sin embargo, al cerrar el libro queda una curiosa sensación de desconcierto, producto tal vez de la ligereza de una obra que se las arregla para atravesar uno de los más terribles infiernos de la historia como si se tratara de un concurso de televisión.

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