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Ciudadano Obama

Miguel Silva reseña el libro del presidente de los Estados Unidos Barack Obama, Los sueños de mi padre, una historia de raza y herencia.

2010/03/15

Por Miguel Silva

Es posible afirmar que nunca hemos estado tan cerca de conocer el corazón de un presidente de los Estados Unidos que ahora con Barack Obama. Quiero decir, si se lee un libro escrito por un presidente de los Estados Unidos están ahí los acontecimientos pero no la persona. Y a veces es posible ver al Presidente, pero nunca al ciudadano.

Aun en los libros escritos por alguien que no es presidente pero que termina siéndolo hay truco. Casi sin excepción se trata de libros que tienen la naturaleza de peldaño en la larga escalera de ascenso hacia la Casa Blanca. Se trata de instrumentos de política, no de libros que exponen el alma. Y habitualmente, al menos en los Estados Unidos, tienen la ayuda de un escritor “fantasma” que pone a cambio de un pago adecuado su pluma al servicio de la memoria de un poderoso.

De manera que quizá el hecho de que Los sueños de mi padre, una historia de raza y herencia no fuera escrito por alguien que pensaba que sería presidente de los Estados Unidos sea lo que hace la diferencia. Muestra en verdad el interior del hombre.

El libro fue escrito por Obama durante su paso por la Escuela de Derecho de Harvard, a la que llegó con una beca y luego de un paso duro, inspirador y algo estéril por los barrios pobres de Chicago donde ejerció como trabajador comunitario. Había sido elegido como primer director negro del Harvard Law Review y ello había traído consigo algo de publicidad sobre su nombre. El libro fue publicado por primera vez en 1995 cuando Obama tenía apenas 34 años. No tenía ninguna esperanza de ser presidente, pero además, tampoco tenía ganas de serlo. Diez años después, ese muchacho negro algo ingenuo y deseoso de servir a la comunidad y a la vez solitario y escéptico, ganaría la nominación demócrata para aspirar al Senado de los Estados Unidos por Illinois, campaña que lo llevó por primera vez al Congreso.

Antes, en este libro, está la voz del hijo de una mujer blanca de Kansas y un hombre negro de Kenya, la voz de un negro en los Estados Unidos, sus preguntas sobre la raza y la fascinante historia de lo que son las oportunidades y las posibilidades en un país que está construido sobre esa promesa.

Tres asuntos hacen verdaderamente interesante la lectura de este libro al que le sobra una que otra página. El primero, que está escrito en lenguaje llano y coloquial y en una primera persona sincera y presente. El segundo, que muestra de primera mano el tema del racismo, desde la perspectiva de un hombre negro, culto y despierto, que hoy es Presidente de la primera potencia mundial. Y el tercero, el más importante a mi juicio, que muestra a un gringo que conoce bien el mundo porque ha vivido en Indonesia, ha recorrido Kenya en busca de sus raíces y ha recorrido la verdadera pobreza de los Estados Unidos. Es decir, se trata de uno de los primeros Presidentes de los Estados Unidos cuyo único paso por el mundo no fue como marine de la mano de un fusil M16 o como turista, de la mano de una Nikkon.

A pesar de una traducción al español de Madrid (imaginarse a Barack y sus amigos diciendo “cómo mola tu abuelo, tío!”, no deja de sonar ridículo y deja mucho que desear de lo que piensan las editoriales sobre la importancia de América Latina en su portafolio), el libro vale mucho la pena. Hace que el lector, al cerrarlo, piense que el mundo está al fin en las manos de un tipo común y corriente que siente los dolores del ciudadano común y corriente.

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