Coincidencias dramáticas

Franco Lolli reseña "Los próximos tres días" de Paul Haggis.

2011/06/23

Por Franco Lolli

La base de datos cinematográfica más grande de internet, IMDB, le atribuye a Paul Haggis las siguientes palabras: “Lo peor que se le puede hacer a un cineasta es salir del cine diciendo que la película fue agradable. Si, en cambio, logras hacer que la gente salga y discuta con pasión camino a casa... Creo que todos buscamos dividir y que nos encanta tener un verdadero efecto en el público”. Si es cierto que dijo eso, o no lo recuerda o cambió radicalmente de parecer. Su última película hace parte del sinnúmero de filmes hechos sin inspiración, en los que no se siente ningún tipo de compromiso y que, por ende, no pueden sino pasar desapercibidos.

 

Los próximos tres días es el remake de una opera prima francesa, Pour Elle, y cuenta, básicamente, la misma historia que la cinta original. Un profesor, su esposa y su hijo de seis años viven una vida tranquila hasta que, de la noche a la mañana, la mujer es encarcelada; la acusan de haber asesinado a su jefe, y todas las pruebas la condenan. Su esposo, que confía ciegamente en su inocencia, se arma de valor —y de una pistola— y organiza el escape de prisión.

 

No hace falta mucho más que esta sinopsis para adivinar que no se trata de la obra más original, íntima o sutil de los últimos años. Pero si Haggis hubiera tenido una visión clara de las oportunidades dramáticas que le ofrecía la historia que compró (pues también es productor de la cinta), Los próximos tres días habría sido, si no necesariamente una gran película, al menos una capaz de hacer pensar, crear polémica o conmover. Por desgracia, la forma como Haggis se acercó a la historia lo alejó de cualquier posibilidad de hacer un filme que se grabara en la memoria de los espectadores.

 

De manera sorprendente, pues Haggis es uno de los guionistas más exitosos de Hollywood (ha sido nominado al Oscar varias veces) el problema principal del filme es su construcción dramática. Como los giros que hacen avanzar la historia son siempre externos a los personajes, la situación inicial —ya difícil de creer— se vuelve completamente inverosímil. Russell Crowe pasa, por ejemplo, casi un cuarto de la película buscando a alguien que le haga pasaportes falsos a él, a su hijo y a su esposa, para que puedan fugarse a otro país. Cuando parece que jamás encontrará quién haga los documentos (lo que le pasaría a cualquiera que no tenga conexiones en la mafia) dos tipos en moto tocan a su puerta y le proponen conseguírselos. La razón —la excusa—: uno de los motociclistas es sordo y le leyó los labios en un bar mientras Russell se los pedía a otro delincuente. ¡Qué coincidencia!

 

Si se tratara de una obra sobre las casualidades, o contuviera algún tipo de reflexión sobre lo aleatorio de la vida, no sería grave que la cinta estuviera plagada de este tipo de momentos. Si el director mostrara que lo que menos le importa son los giros dramáticos y lo que le interesa son las consecuencias que estos tienen sobre los personajes, tampoco importaría. Pero se trata de una película sobre una fuga, cuyo centro son los detalles que permiten el escape de prisión, y —aunque en un segundo plano— también sobre la forma como un hombre ordinario se vuelve extraordinario (por no decir malo, pues no parece importarle matar a un par de narcotraficantes para robarles el dinero necesario para su nueva vida de prófugo). Lamentablemente para Haggis, y sobre todo para los espectadores de Los próximos tres días, este tipo de películas reposa en general sobre la verosimilitud de los eventos y la profundidad de los personajes.

 

Los próximos tres días, 2010

Dirección y guión: Paul Haggis

Actores: Russell Crowe, Elizabeth Banks, Liam Neeson.

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