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Colombia, un lugar para el jazz

Óscar Acevedo reseña algunos festivales de jazz

2010/03/15

Por Óscar Acevedo

La temporada de festivales de jazz que se realizó el pasado mes de septiembre en las cinco principales ciudades del país deja algunas experiencias que demuestran que, si bien hemos avanzado enormemente en la producción y la programación de estos eventos, hay mucho camino por andar para consolidar esta semana de conciertos como un evento de verdadera talla internacional que convierta al país en parada obligatoria de los grandes exponentes de esta música. Empecemos con la trayectoria. Exceptuando al Teatro Libre, pionero de los festivales que casi completa veinte ediciones de su evento, ya son más de diez años de programación continua en las principales ciudades, factor que garantiza credibilidad y continuidad para los artistas visitantes y engorda la asistencia de un público cada vez más numeroso y más entendido durante la cita anual. Esta formación de públicos es un capital invaluable para cualquier ciudad que aspire a ser sede de este tipo de festivales. Solo falta una mayor presencia de los artistas en los medios y de su discografía en las tiendas nacionales, en su mayoría ajenas a este fenómeno.

Sigamos con la cartelera de la última temporada, representativa de varias tendencias actuales y que incluyó jazz clásico, fusión, jazz latino y músicas del mundo. Por el lado de las novedades nos visitó Richard Bona, un camerunés que hipnotiza al oyente con su sonoridad fresca y llena de matices. Este artista, que trabaja entre otros con el percusionista bogotano Samuel Torres y el baterista cubano-colombiano Ernesto Simpson, se encuentra en la cima de su carrera y participa en los festivales de jazz más exigentes del mundo. Aunque solo tocó en Barranquijazz abriendo el concierto de Bona, el jazz clásico estuvo muy bien representado por Cedar Walton, quien mostró las entrañas de los standars en su corta presentación. Siguiendo la lista, Poncho Sánchez cubrió la cuota del jazz latino, la embajada americana, que sigue sin traer eventos de primera línea, aportó el espectáculo de una cantante poco conocida por estos lares y dedicada al gospel, Dee Daniels. Las embajadas de Austria y Francia se unieron a la iniciativa de consolidar un ciclo de jazz europeo titulado Eurojazz, con la participación del violinista austriaco Rudy Berger y el grupo francés Rocking Chair. Nos acompañaron también otros espectáculos internacionales como el del Niño Josele y Diego el Cigala, quien se presentó con su flamenco-son en Medellín, Bogotá y Barranquilla. Algunos grupos nacionales como Capicúa, Puerto Candelaria, el pianista Ricardo Gallo y el ingenioso arpista radicado en Nueva York Edmar Castañeda, entre otros, tuvieron cabida en la programación, aunque no en una cantidad que represente la vigorosa producción de jazz que hoy se da en Colombia. Se les abona a los programadores que ya empiezan a aparecer en las carteleras talentosos grupos regionales.

De los aspectos técnicos se destaca el impecable montaje y el sonido del Festival Jazz al Parque, que los mismos artistas itinerantes por toda la geografía nacional calificaron como el mejor. En síntesis, los grupos invitados se llevan una buena imagen del país y de su interés por la cultura, y se construye un público que será más numeroso en el futuro. Todo esto se podría multiplicar con una decisión aparentemente simple, pero difícil de tomar, la de unificar estos festivales en un solo evento para convertirlo en un suceso internacional al que las disqueras, los agentes y las embajadas estarían buscando para enviar a sus representados. Ya se han adelantado gestiones para unificar estos seis esfuerzos aislados en uno solo titulado Redejazz. ¿Será posible?

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