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Cómo se hace una película

Juan Carlos González reseña Cómo se hace una película de Linda Seger y Edward J. Whetmore Ma Non Troppo, 2006 284 páginas

2010/03/15

Por Juan Carlos González A.

Quiero suponer a los productores de cine actuales casi como los alquimistas de la antigüedad, en afanosa búsqueda de la transmutación de metales plebeyos en oro mediante esa inasible lapis philosophorum, esa piedra filosofal inalcanzable, ese elixir de la vida que parecía a veces inexistente de lo difícil de obtener. El símil no tiene nada de romántico: así como los alquimistas buscaban abiertamente la riqueza, los productores de Hollywood buscan, y es innegable, la película de éxito que los llene de dólares a ellos y al estudio que representan.

¿Pero cómo encontrarla? ¿Cómo sospechar que ese guión que tienen en frente va a funcionar y no se va a convertir en un rotundo fracaso que arrastre con sus carreras? ¿Cómo llegar a triunfos como Casablanca o Cazadores del arca perdida y no a desastres como Las puertas del cielo y Howard el pato? Una mezcla de instinto, suerte, talento y experiencia parecen estar detrás de las posibles respuestas, pero en realidad no existe una única fórmula infalible. Lo que una vez funcionó puede no aplicar más, la fortuna que se tuvo al confiar en un guionista novato quizá se vea defraudada en su segundo proyecto, el director de confianza puede dar un traspié de proporciones épicas con el proyecto consentido del estudio.

Linda Seger, una prestigiosa script doctor, y Edward J. Whetmore, el autor de Mediamerica, han emprendido en Cómo se hace una película la búsqueda de la piedra filosofal del cine de éxito. De entrada reconocen no tener la respuesta y, a pesar de su evidente experiencia en este campo, prefieren recurrir a los más afamados y populares directores, guionistas, productores, actores, editores, músicos, diseñadores de vestuario y maquilladores de la industria para obtener de ellos un testimonio de primera mano sobre cómo triunfaron. Al recurrir a múltiples voces, los autores privilegian el concepto del cine como una realización colectiva desde su concepción: capítulo a capítulo seguiremos con interés el recorrido del guión por todos los caminos que lo conducen a convertirse en una película triunfadora en taquilla, lo cual no equivale de manera automática a llegar a ser una gran película. Y lo digo porque los ejemplos recurrentes del libro, como Una mente brillante o La sociedad de los poetas muertos no son películas imprescindibles e inolvidables. Al circunscribirse a Hollywood los autores nos dan una visión aventurada: la que equipara el triunfo económico con la calidad. Y eso es peligroso.

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