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Con una sonrisa

Mauricio Sáenz reseña La historia no ha terminado, un libro del intelectual italiano Claudio Magris

2010/07/31

Por Por Mauricio Sáenz

Claudio Magris es uno de los intelectuales más respetados en Italia hoy. Novelista y ensayista, pasa muchas tardes de su vida en los cafés de su natal Trieste, dedicado a su arte. Y a juzgar por La historia no ha terminado es posible imaginarlo escribiendo a mano con una sonrisa dibujada en su rostro.

Lo que dice Magris, desde su profunda erudición de filósofo y profesor de literatura germánica, tiene una facilidad y una gracia que le permiten comunicar el sentido común más simple (es decir, el más lúcido) a los temas más difíciles. Y tiene también un aroma a bonhomía que resulta de su sinceridad, de su sensatez, de su honestidad. Porque aunque uno pueda estar o no en total acuerdo con algunos de sus planteamientos, al terminar no puede negar que Magris escribe de buena fe, y desde el fondo de su corazón.

La historia no ha terminado está compuesto por capítulos independientes que tienen en común que se refieren, en el sentido más amplio, a los campos de la ética, la política y la laicidad. Están compuestos por dos ensayos más o menos largos, y una compilación de columnas publicadas desde 1998 en Il Corriere della Sera, el periódico en el cual ha escrito por más de 30 años.

A pesar de su aparente inconexión, las páginas permiten poco a poco vislumbrar ese universo gentil que constituye el sueño de Magri, una fantasía profunda, por lo demás, pero que en sus palabras parece provenir de cualquier buen padre de familia. En ese mundo ideal, el cuerpo social hace frente a las amenazas que lo rodean, toma posiciones frente a ellas, las denuncia, las vence. Todo, a partir de un orden en el que cada cosa tiene su lugar con una lógica humanística, es decir, irrefutable. En ese mundo soñado tácitamente por Magris, los paradigmas son muy claros.

Quien, por ejemplo, es un verdadero laico “sabe abrazar una idea sin someterse a ella, y comprometerse políticamente, conservando la independencia critica”, ajeno tanto al clericalismo intolerante como a la securalización radical, mientras comprende los vericuetos de ese concepto bíblico crucial según el cual se debe dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Y el auténtico político es quien reconoce la enseñanza del martirio de su patrono, Tomás Moro, esto es, que “cuando para sobrevivir hay que negar la conciencia, es necesario elegir esta última y no la supervivencia”.

Allí, el hombre de ciencia, ante el Apocalipsis eventual de un futuro de avance sin control, sobre todo de la genética, sabe “ejercer la duda científica, e interrogarse sobre las consecuencias de su trabajo”. El patriota sabe trascenderse, rechaza los nacionalismos abyectos y respeta los valores universales. Y el héroe, el mártir, no existe. Porque, como cita a Brecht, “es bien triste la época que tiene necesidad de héroes”.

Esos conceptos surgen en parte de la aguda observación que Magris ejerce desde sus columnas periodísticas sobre la actualidad mundial e italiana. Se trata de textos que son al mismo tiempo su manifiesto de un deber ser que trasluce su profunda convicción católica. Una religiosidad ejercida desde esa laicidad que él mismo proclama y define.

Con ironía y fuerza, pero también con humildad y respeto, Magris se pregunta por las respuestas que tiene la sociedad ante las angustias actuales y se plantea las futuras. Pero siempre en función de esas verdades insondables que definen como tal a la humanidad, las “leyes no escritas de los dioses”, trascendentes a las culturas y los años. Esas normas que no son negociables.

Al terminar el libro podemos imaginar la sonrisa que asoma en sus comisuras. Ahora sabemos que es cierto lo que dice cuando afirma que prefiere un día en el mar a una asamblea, y que la moral y la política deberían ser como la salud, algo en lo que no se piensa demasiado cuando es buena. Nosotros también estamos sonriendo.

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