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Corronchos londinenses

José Alejandro Cepeda reseña el disco del colombiano Lucho Brieva y el guitarrista británico Phil Manzanera, Corroncho.

2010/03/15

Por José Alejandro Cepeda

“Corroncho” es una de las palabras más populares y políticamente incorrectas del vocabulario colombiano. Refiriéndose, con o sin escrúpulos, a ese personaje ligero, hedonistamente chillón que no teme en hacer del placer escándalo y estilo de vida, aún sabiendo que incomoda (especialmente a quienes —con algo de arribismo— consideran la distinción su sello). Como lo hacen aún muchos bogotanos, es más fácil imaginarlo —además de sus barrios— paseándose por una playa caribeña, pero no en la gris, flemática y multicultural Londres. Corroncho, del colombiano Lucho Brieva y el guitarrista británico de los legendarios Roxy Music, Phil Manzanera, se propone como prueba de que el personaje es capaz de sobrevivir en cualquier superficie, entregando un ?inesperado álbum conceptual en su honor.

Las tribulaciones de dos corronchos afincados en Londres componen un trabajo inclasificable, abarcando géneros como el son, el chill-out, el rock, la canción o los corridos mexicanos. Cargado de humor irreverente se produjo de manera independiente, con un resultado que envidiaría cualquier figurón de multinacional del panorama latino. Desde “Lowrider” a “Diario” rueda una secuencia en que muestran su inventiva, enfrentando dificultades sin desvirtuar sus personalidades descaradas. El músico costeño Pernett anotó que el “bacán” (otra de esas subespecies criollas) es tan digno e icónico como el “rastaman” jamaiquino, compartiendo elementos como la pasión por la buena vida —lenta mejor— y la fiesta. Sin embargo, el corroncho que retratan Brieva y Manzanera va más allá, porque si comparte el swing o la puesta en escena de latin lover no necesariamente pretende seducir o salvar el mundo: simplemente disfrutarlo.

Corroncho no se limitó a un divertimento entre vecinos. Brieva, arquitecto, diseñador y escultor barranquillero vive hace dos décadas en Londres y ha obtenido no solo reputación, sino que se ha volcado a la música desde sus días de matrimonio con la líder de The Pretenders, Chrissie Hynde. Por eso este disco se cocinó despacio, en casa, arriba de su taller con ayuda de Manzanera, quien confirma que además de la sangre latina que le viene por madre colombiana es un impecable productor. Y gracias a él desfila una lista que solo podría haber reunido como colombiano el bajista Chucho Merchán: Annie Lennox (Eurythmics), Paul Thompson (Roxy Music), Enrique Bunbury (Héroes del Silencio), Quimi Portet (El Último de la Fila) o el cubano Aldo López Gavilán. Destacando Robert Wyatt, mítico fundador de la banda de Canterbury, Soft Machine. Ellos no hacen esas apariciones por conveniencia en que se convirtieron los duetos, sino música entre amigos dejando sus huellas de paso.

Examinado, es el álbum corroncho menos corroncho que haya legado Colombia. Claro, no todo lo colombiano es sinónimo de alegría. Pero así temas como “Noche de putas” o “Diario” insinúen momentos de burdo machismo que hubiera sido preferible obviar, es una de las grabaciones mejor presentadas de la discografía nacional. Desde el arte y las acuarelas del brasileño Bwokaa. Quizá por eso es cierto que el clásico “Rosa”, de Irene Martínez, o cortes como “Ángeles y lobos” entusiasmaron a Chris Thomas, viejo ingeniero de Abbey Road. Y que digan que la revisión de “Forever Young” de Dylan (“Tu Juventud”), a caballo entre un cambio de guardia en Buckingham Palace y los inmigrantes colombianos de Elephant & Castle contó con la aprobación del difícil Bob.

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