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Costumbres argentinas y españolas

José Alejandro Cepeda reseña 2 son multitud, un albúm del argentino Andrés Calamaro con el español Fito Cabrales

2010/06/30

Por José Alejandro Cepeda

Cualquier género musical más allá de modas, escenarios, intérpretes e incluso públicos está sustentado por sus compositores. Es decir: esa clase de personas capaces de salir del encierro con melodías, armonías y versos nuevos como si la vida se les fuera en ello. Así el rock ha sobrevivido más de medio siglo y se esfuerza por hacerlo en Iberoamérica. El argentino Andrés Calamaro y el español Fito Cabrales son ese tipo de gente, y lo demuestran en un concierto que, como se citó en el verano de 2007 cuando fue grabado en Getafe (Madrid), intentó ser como los de antes.

Calamaro (Buenos Aires, 1961) tiene el mérito de labrarse una carrera incluso contra la corriente desde su primer grupo Raíces en 1978, destacando luego en los reformados Abuelos de la Nada, Los Rodríguez en los 90 y una biografía solista terca y zigzagueante, abierta pero fiel al rock que lo encumbró en el pedestal argentino junto a Litto Nebbia, Luis Alberto Spinetta, Charly García, Fito Páez y Gustavo Cerati. Todos, como él, tercos y valiosos en sus estilos y épocas. Pero Andrés logró algo que ninguno hizo: ser considerado a ambos lados del Atlántico argentino-español un artista nacional. Esto se debe al legado de talentos exiliados por fuerza o voluntad como Miguel Abuelo, Ciro Fogliatta y Ariel Rot, el guitarrista de Tequila que en plena movida madrileña con un sonido rolling stone predijo el suceso Rodríguez. A la fecha Calamaro también ha construido un personaje: un émulo suramericano del Bob Dylan evasivamente encantador en tiempos del documental Don´t look back (1967), con aire de novela negra y arrabal que no se conforma con alargar o abortar caprichosamente sus rimas sabiéndose prolijo, sino queriendo coronarse igual cantante flexible. En estos aspectos reside también su debilidad, ya que la revancha del éxito lo ha llevado por momentos más que a dominar La lengua popular —como tituló su álbum de 2007— a cultivar la lengua demagógica que cita a Perón, Gardel, Maradona y a quien quepa en un estadio de fútbol tentado a dedicarlo todo a nombre de ese borroso concepto de “el pueblo”.

Fito Cabrales (Bilbao, 1966) es una figura atípica: alejado del rock radical vasco pasó del sonido subterráneo del grupo Platero y tú y colaboraciones con los míticos Extremoduro (incluido el proyecto Extrechinato y tú dedicado al poeta Manolo Chinato) a una faceta autónoma que lo ha llevado a ser uno de los artistas más populares del rock de España en lo que va de siglo. Junto a los Fitipaldis ha concebido cinco discos de canciones confesionales, sencillas pero sabiamente estructuradas. Coincide con Calamaro y su álter ego El salmón en que el camino ha sido en contra, plagado de excesos, pero sin renunciar a la carretera.

Este álbum construye un compilado en vivo por partida doble, con un repertorio que destila rock and roll clásico en bloques independientes y conjuntos. Comparten sección rítmica (“Niño”, “Bruno y Candy”, “Caramelo”), y un predominio de las guitarras con Julián Kanevsky, Diego García, Carlos Raya y el propio Cabrales, además de la Telecaster decorada por el famoso toro de Osborne de Calamaro que aquí no toca teclados (están en manos de Tito Dávila y Joserra Semperena). Este DVD-CD ofrece, sin que hayan reinventado los directos del pasado, una buena síntesis de las costumbres rockeras tanto argentinas como españolas.

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