RevistaArcadia.com

Creadores

Armando Montenegro reseña el segundo libro de la trilogía del historiador Paul Johnson Ediciones B, 2008 416 páginas

2010/07/02

Por Armando Montenegro

Creadores, el segundo libro de la trilogía del historiador británico Paul Johnson sobre personajes notables, que comenzó con el célebre Intelectuales (el último es Héroes), exhibe algunos defectos, probablemente intencionales. No presenta una definición, ni siquiera el bosquejo de una teoría sobre la actividad creativa (como las que dan Galenson, Pessoa o Bloom, para mencionar unos pocos). De acuerdo con su gusto por la provocación, su selección de grandes creadores es harto arbitraria. Entre la gente del cine, por ejemplo, se queda con Disney (nada de Bergman, Kurosawa o Welles). Ignora a personajes del calibre de Newton y Einstein, pero se detiene, admirado, en Balenciaga, Dior y Tiffany. La exclusión de los científicos se justifica en la cuestionable tesis de que ellos son solo descubridores.

La obra consiste en ensayos cortos sobre 17 personajes, en los cuales salpica anécdotas, observaciones biográficas y hechos curiosos. Mezcla el chisme, a veces sus propios recuerdos, con su mirada de curtido historiador.

Su gran conclusión es que hay pocas cosas en común entre los creadores. Algunos recibieron una favorable influencia familiar o genética (Bach, Hoffman y Scarlatti); otros crecieron en medios incultos (Shakespeare y Turner); algunos fueron felices (Bach y Pugin), otros infelices (Durero y Marian Evans); algunos tuvieron una notable voracidad sexual (Picasso y Víctor Hugo); otros fueron vírgenes (Jane Austen y T.S. Eliot); algunos trabajaron en medio del lujo (Wagner), otros en la pobreza (Reni) o incluso huyendo de la Policía y de asesinos (Caravaggio); ricos, como Picasso; pobres, Vermeer y Mozart.

Señala que uno de los pocos elementos comunes entre ellos es el coraje y la obstinación. Insiste en el gran esfuerzo que se requiere para producir grandes obras (incluso para Mozart, la imagen popular del genio, bendecido por la inspiración fácil). Anota que la debilidad y la enfermedad estimulan la creación: Beethoven batallando contra la sordera, Toulouse-Lautrec contra la deformidad, Robert Louis Stevenson contra sus frágiles pulmones. Resalta la persistencia de Trollope después de que no vendió ni una sola copia de su primera novela y la soledad de Emily Dickinson quien, sin interacción alguna con otros escritores y lectores, continuó con su obra.

Los ensayos de este libro, de calidad dispareja, pueden ser atractivos, sobre todo para los lectores de biografías, quienes encontrarán, aquí y allá, observaciones interesantes y divertidas.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.