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¿Criminal honorable?

José Monsalve reseña Simón Trinidad. El hombre de hierro del periodista Jorge Enrique Botero

2010/03/15

Por José Monsalve

El más reciente trabajo del periodista Jorge Enrique Botero, El hombre de hierro, se propone ni más ni menos que eso: perfilar la historia de un delincuente supuestamente honorable. La apuesta es alta y Botero la plantea así, de frente y desde las primeras líneas de su libro. No hay rodeos. El protagonista que encarna tal despropósito es Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, quien hizo carrera en las Farc por casi dos décadas con el nombre de Simón Trinidad (su respetuosa idolatría por Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios lo llevó a rendirle homenaje impostándose solo dos partes del eterno nombre de El Libertador). Se trata del guerrillero de más nivel en las Farc que ha sido capturado, extraditado y condenado en Estados Unidos.

El juicio a Simón Trinidad en la Corte del Distrito de Columbia es el eje de la buena narración que Botero logró coser. El lector entra y sale constantemente de la sala de juicio. Algunas veces para asistir a interesantes entrevistas que desarrolló el autor con múltiples personajes. En otras oportunidades se trata de dar un paseo por la historia reciente del país en busca de elementos de contexto y algunas otras se ocupan de revelar documentos inéditos que obtuvo el periodista en la investigación, papeles que lograron franquear los portentosos muros de prisiones de máxima seguridad. Otras veces Botero lleva al lector de compañero en sus travesías por la selva para alcanzar algún campamento guerrillero con el ánimo de escuchar allí la otra versión de los hechos, ampliar el perfil del protagonista e intentar descifrar la guerrilla que representa. “Las Farc —dice Trinidad— tienen dos nunca: nunca olvidarán el genocidio de la Unión Patriótica y nunca dejarán las armas”.

Así, yendo y viniendo, a medida que avanza en juicio, se va desarrollando la biografía del jefe guerrillero que abandonó su privilegiada posición de banquero en Valledupar para incorporarse a las filas insurgentes a finales de los ochenta, cuando recrudeció el exterminio de la Unión Patriótica, movimiento en el que él militaba.

El ambicioso trabajo de reportería y la articulación es de celebrar. Lo triste, lo lamentable de este trabajo de Jorge Enrique Botero es que cada elemento solo busca ensalzar al “hombre de hierro”. La apología no se agota en ese nuevo remoquete con que el autor presenta al insurgente. Hay ciertas omisiones que no dejan de ser groseras: en varios pasajes de la historia aparece Consuelo Araújo, ‘la Cacica’, quien prestó colaboración a líderes de la izquierda (entre ellos al propio Trinidad) para que la Unión Patriótica fuera una realidad en la Costa Atlántica. Lo que Botero no registra es el fin de ‘la Cacica’, ejecutada por el frente 59 de las Farc en 2001. Al final del libro hay un momento más que patético. Cuando Trinidad se apresta a escuchar su sentencia de 60 años de prisión, Botero, por “un movimiento facial”, se imagina lo que aquel está pensado y pone en sus labios esta frase dirigida al juez Royce Lamberth: “Estoy preparado para eso y para mucho más, viejo hijueputa”.

Con una extensa investigación llena de revelaciones, con omisiones imperdonables, con una gran narración, con fotos y episodios anexos, con todo esto es que Botero se propone contar la historia del criminal honorable que él ve en Simón Trinidad. Y a pesar de todo no lo logra. Más que deficiente su tarea es excesivamente parcial. Botero es incapaz de tomar distancia de su personaje y reconocer en él algún error humano. Mucho menos puede acusar en Trinidad a un delincuente. El hombre de hierro es un texto rico en información exclusiva y parcializada. Es decir, un atractivo desafío al lector, ese sujeto inquieto y crítico que Botero presume si no tonto, por lo menos demasiado ingenuo.

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