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La vida y el arte en la más reciente novela de Patricio Pron

En su último libro 'No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles', Patricio Pron a partir de los tres momentos históricos, abre espacios dentro de su novela para, entre el ensayo y la narrativa, preguntarse por las implicaciones últimas de la aplicación del arte a la vida, mostrando así cómo el futurismo es el nido de la politización del arte.

2016/03/23

Por Camilo Hoyos

Hay algunas consignas de la vanguardia europea que al cumplir 100 años pierden gran parte de su sentido original. En algunas de sus páginas, André Breton dice que no habría acto más surrealista que el de tomar un arma en un lugar lleno de personas y comenzar a disparar a diestra y siniestra, pero ahora es imposible no pensar en Bataclan o en Columbine, entre tantos otros: de arte, nada. No en vano Jaques Vaché, el amigo de Breton de quien prácticamente surgieron los primeros textos del surrealismo, es descrito durante un encuentro vanguardista con su revólver desenvainado y presto a disparar. Pero el surrealismo nunca lo llevó a la práctica. De hecho, la única vanguardia que prosperó en la implementación de sus ideales a la vida fue el futurismo, porque sufrió (para bien o para mal) el apoyo de lo político.

Pero en Italia el asunto fue distinto. Mientras que el surrealismo francés nunca tuvo vínculo duradero con algún grupo político, el futurismo por entonces ya había sido engullido por el Partido Nacional Fascista. En Italia ocurrió lo que solo puede ser pronóstico de derrota como movimiento de arte, que fue su vinculación con lo político, el fascismo, lo que implicaba una utilización de la violencia a partir del arte: un espíritu nacionalista y la consolidación de la República Social Italiana. En sus estertores hacia 1945, Patricio Pron inventa un Congreso de Escritores Fascistas Europeos en su última novela No derrames lágrimas por nadie que viva en estas calles, al que hace acudir a una veintena o más de escritores reales e inventados, es decir novelados, a discutir sobre literatura y política. Entendida en el marco del futurismo, la discusión implica necesariamente la aplicación a la vida diaria de esa literatura, y por lo tanto su capacidad de acción para que el arte no quede en la mera esfera de la ficción e invención. Sin más, que sea un motivo y motor para intentar cambiar la realidad —sin importar el precio.

El Congreso, sin embargo, se interrumpe al segundo día por la muerte de Luca Borrello, escritor fascista italiano. Sabemos de aquellos años por un grupo de personajes que los rememoran y cuestionan su pasado futurista: lo mismo que hace Pietro o Peter Linden, miembro de las Brigadas Rojas, hacia 1977, al preguntarles a todos esos personajes por su pasado. ¿El motivo de las entrevistas de Linden? Explicar por qué su padre, resistente durante el final de la segunda guerra, guardó durante todos estos años los manuscritos del fascista Borrello. ¿Cómo explicar que su padre reconoció en esos textos buenas páginas, siendo él mismo enemigo del fascismo? Es decir, ¿hasta dónde llega la vida de un escritor, y su propia obra? ¿Son lo mismo? ¿Hay fronteras entre los ideales políticos de un escritor y luego su propia creación?

En la novela de Pron, los textos de Borrello funcionan como hilo conductor entre historias que sucedieron en 1945 y son recordadas en 1975, y luego presentes en el nieto de Francesco Linden, en las manifestaciones de Milán de 2014. No solo están presentes en las vidas y tomas de decisiones de cada generación de la familia, sino que ponen sobre la mesa la relación entre el arte y la vida, y de cómo el arte fue “engullido por la política cuando la política ya era crimen”. A partir de los tres momentos históricos, Pron abre espacios dentro de su novela para, entre el ensayo y la narrativa, preguntarse por las implicaciones últimas de la aplicación del arte a la vida, mostrando así cómo el futurismo es el nido de la politización del arte.

Detrás de todo esto que es historia, está lo que lo sostiene, que es la novela como tal. Y su estructura tiene todos los componentes de riesgo narrativo como lo puede ser una historia que tiene como tema el arte mismo en la vida. Se trata de una novela distinta que exigirá al lector toda su noción de juego y sus propias preocupaciones por el arte. Esa es la libertad que inspira la escritura de la novela, tomando prestadas las palabras del escritor Fernando Aramburu sobre Pron: “Ser distinto equivale a ser libre”.

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