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¿Quiénes son los nuevos amos de la tierra?

'Los nuevos amos de la tierra' el libro de Stefano Liberti, periodista que ha dedicado varios años a investigar el 'land grabbing’, práctica por la cual grandes corporaciones, oficiales o privadas, acaparan la tierra cultivable en los países vulnerables, lleva al lector a un recorrido por la bolsa de Chicago, Etiopía, Iowa, entre otros.

2016/04/17

Hace un siglo, el mapamundi estaba tachonado de territorios coloniales ‘administrados’ desde las lejanas y opulentas salas del poder de las capitales europeas. Las colonias, los protectorados, los ‘mandatos’ ya no existen, pero la práctica de los poderosos de explotar a los más débiles sigue vigente. Solo que ahora no imponen sus intereses con armas sino con formas más sutiles. Además, hoy las decisiones no provienen tanto del poder político, como de las transnacionales.

La manifestación más reciente de ese neocolonialismo, y tal vez potencialmente la más siniestra, es el ‘land grabbing’, la práctica por la cual grandes corporaciones, oficiales o privadas, acaparan la tierra cultivable en los países vulnerables: la última frontera del neoliberalismo. El periodista italiano Stefano Liberti ha dedicado varios años a investigar ese fenómeno y uno de los frutos es ‘Los nuevos amos de la tierra (Land Grabbing)’, que publicó por primera vez en Italia en 2011.

Redactor del diario izquierdista Il Manifesto, Liberti entrega en este volumen un reportaje al estilo del que practicó con tanta maestría su coterránea Oriana Fallaci. De ese modo nos lleva en sus viajes por el mundo, entre otros lugares, a la bolsa de Chicago, a una granja industrial en Etiopía, a Iowa, el Kuwait de Estados Unidos, obsesionado con los biocombustibles, a una aldea de Tanzania cuyos habitantes que se quedaron sin tierras o a una fazenda del Cerrado brasileño, en la ‘república unida de la soya’.

Conocemos de primera mano tanto a los ejecutivos que impulsan el fenómeno como a los líderes de las organizaciones que se les oponen. Y nos llevamos las impresiones del propio Liberti sobre cada personaje y su entorno, con una conclusión llamativa: nada es en blanco y negro. Ni los unos son del todo victimarios ni los otros son víctimas. Pero el sistema en el que todos se mueven es tóxico, sobre todo ante la corrupción y a veces la indiferencia de los gobiernos.

Liberti ubica el comienzo de la explosión del ‘Land Grabbing’ en la crisis alimentaria de 2007-2008, cuando se dispararon los precios de productos como el maíz, el arroz o el trigo, debido en parte al colapso del sistema financiero. Ante la inseguridad del mercado de acciones, los inversionistas descubrieron en la tierra y en la agricultura los mejores ‘bienes refugio’ para su dinero. Los granjeros del tercer mundo pronto entrarían en contacto con realidades que jamás se hubieran imaginado.

Liberti nos conduce primero a Etiopía, donde los habitantes suelen vivir al filo de la hambruna, y donde la Jittu International produce en mil hectáreas ingentes cantidades de tomates, pimientos, berenjenas, etcétera, de excelente calidad. Pero los habitantes locales no los pueden probar: todo sale por avión a la mesa de los compradores de los países árabes del golfo. La empresa cuenta con dos ventajas: los trabajadores ganan al día 70 centavos de euro, y la empresa le paga al gobierno etíope (dueño de la tierra) entre 6 y 25 euros de arrendamiento al año. No es que Jittu sea esclavista o aprovechada: es que se mueve por los mecanismos del mercado.

Luego del largo viaje, Liberti llega a dos conclusiones fundamentales. Una, que en el corazón del problema está el abismo insalvable entre dos mundos: el del inversionista que no tiene la más remota idea de lo que significa la tierra para esos campesinos a los que promete la modernidad, y el del labriego, que no sabe que su tierra ancestral se convirtió en una mercancía que se transa en las grandes bolsas del mundo. La otra, que a pesar de que el fenómeno no ha perdido demasiado impulso, crece en el planeta la conciencia de que es necesario hacer algo, y pronto, para controlarlo. Con un colofón: los verdaderos responsables son los gobiernos, que han fallado en proteger los intereses de sus gentes frente a los del gran capital.

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