'Siembra'/ Ángela Osorio y Santiago Lozano/ 2016

'Siembra', una inocente mirada a la comunidad afrodescendiente

La más reciente película colombiana 'Siembra', ópera prima de Ángela Osorio y Santiago Lozano, es el caso más visible del nuevo cine de la región —Chocó, valle, Cauca y Nariño, que se asienta en la cultura oral, siempre en el conflicto con el poder letrado, militar,económico y político.

2016/04/17

Por Pedro Adrián Zuluaga

En Novela y poder en Colombia 1844-1987, Raymond L. Williams señaló como propia del Gran Cauca la tensión entre cultura letrada dominante y oralidad suprimida o, en el mejor de los casos, visible en condiciones decididas por las élites. Esa heterogeneidad ya sacudía a María, novela fundacional de esta tradición, donde Jorge Isaacs intenta liberar el candado de la oralidad. Hoy no tiene sentido hablar de una tradición literaria del Gran Cauca como algo presente. Sin embargo, el cine de la región que forman Chocó, Valle, Cauca y Nariño le da continuidad a aquel conflicto histórico, como parte de un proyecto más general del cine oficial colombiano: asumir las tareas pendientes de la literatura, desentendida de esas urgencias. Darles nueva voz a los componentes reprimidos de la nación: identidades indígenas, campesinas y afro, fronteras y márgenes, conservando el control sobre los medios de representación.

El Grupo de Cali, en las décadas de 1970 y 1980, probó a disolver las barreras entre lo culto y lo popular y expresó los miedos ocultos tras esta disyunción. Pero Andrés Caicedo y Carlos Mayolo se malograron antes de darle una forma contundente a este propósito. Y la obra de Luis Ospina tomó el camino de una memorabilia cultural conservadora que En Todo comenzó por el fin deriva en la autoindulgencia. El nuevo cine de la región se asienta en la cultura oral, siempre en conflicto con el poder letrado, militar, económico y político. El vuelco del cangrejo, La Sirga, Chocó, Corta, Los hongos, La tierra y la sombra y Siembra coinciden en esta agenda. Pero este “cine de liberación” no logra emanciparse a sí mismo de la dependencia cultural. Cada una de estas películas se alimenta del estilo global del cine de autor y debe cierto éxito festivalero a tal sumisión.

Siembra es el caso más visible de este manierismo. La ópera prima de Ángela Osorio y Santiago Lozano cuenta la jornada de Turco, afrodescendiente desplazado en Cali, quien busca darle a su hijo Yosner un entierro que dignifique el duelo y la brutal interrupción de la cadena de la vida. La película hace un inventario de problemas, costumbres y creencias de las negritudes nómadas y su dificultad para hacerse un nuevo lugar. El problema de este gesto etnográfico es su inocencia: no se cuestiona el mecanismo de representación, como un cine reflexivo nos ha enseñado que es posible: dos ejemplos pueden ser las películas de Abbas Kiarostami y Nicolás Pereda. En vez de esta indispensable autoconciencia, en Siembra predomina la mirada paternalista. Los negros representados como bellos y buenos salvajes estetizados por la cámara, deseables como cuerpos “otros”, pero torpes para hilar el relato de sus vidas y la narrativa de su futuro. La deriva de Turco está construida desde su único lugar a salvo: lo mítico. Y así se despolitiza, a pesar de que la pérdida de orden y sentido que afecta su vida es causada por poderes muy concretos que perpetúan la guerra.

(Vea aquí una enrevista con su directora en la pasada edición del FICCI) 

Siembra encuentra su estilo pasando este universo por un tamiz neoacadémico. La manera como se filma la muerte de Yosner, el hijo, y la forma como su padre se entera y reacciona a ella, son de una distancia mecánica, fría. La expresión del duelo recae en los hermosos cantos funerarios, más exóticos que unas simples lágrimas. Aquí no se trata solo de negros, indígenas o campesinos con lenguaje parco o fragmentado. Ni siquiera pueden llorar a sus muertos, pues cualquier exceso sentimental está proscrito de estas películas.

Ante la inconsciente animalización de algunos protagonistas de este cine, reducidos a vivir en un recuerdo de lo primitivo traducido por la mediación internacional, se extraña la furia crítica de Agarrando pueblo. El performance subversivo de Luis Alfonso Londoño destruyendo el material de la película for export y limpiándose el trasero con el dinero que hace posible este comercio de fantasías.

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