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Memoria y entomología

Leer 'Cuaderno de entomología' del escritor colombiano Humberto Ballesteros es entrar en un juego narrativo que alertará a cualquier lector que quiera saber quién, qué y cómo está escribiendo en nuestro actual panorama.

2017/07/27

Por Camilo Hoyos

Cuaderno de entomología es tanto el segundo libro de cuentos publicado por el colombiano Humberto Ballesteros como el segundo que presentó en la pasada FILBo. Su primer libro de cuentos lo publicó Pluma de Mompox en 2011, bajo el título Escritor en el aire, y su primera novela, Razones para destruir una ciudad, la publicó en 2012 Alfaguara, dos años después de que recibiera el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2010. Ballesteros es “un buen secreto no tan escondido”, y la aparición de estos dos, sus segundos libros, es una nueva oportunidad de correr el velo que no le ha permitido ser un escritor debidamente reconocido por los lectores de literatura colombiana actual.

Porque quienes leímos en su momento Razones para destruir una ciudad supimos del reconocimiento que el jurado le confirió para hacerla merecedora del segundo premio de Ballesteros, siendo el primero el Concurso Nacional de Cuento La movida literaria en 2009. Natalia, una mujer que vive en un pueblo cercano a Bogotá, en medio de una vida sin emociones, imagina la ciudad en la que quiere en realidad vivir, Venecia, pero también lo que en realidad quiere conseguir: destruirla como quien destruye un recuerdo o una mala memoria. Para 2012, Ballesteros ya había demostrado lo que era su capacidad como narrador al construir una novela a partir de la segunda persona (la novela en su totalidad está narrada desde el ) y desde una perspectiva femenina: elementos sobre los que volvió cinco años después en Juego de memoria (Tusquets, 2017), al concentrarse en una doctora que recibe en tratamiento a un enfermo que ha perdido la memoria pero que ella, a manera de venganza, desea recuperarla: se trata de un militar que torturó y asesinó a la única mujer de quien la doctora estuvo enamorada. Los temas de Ballesteros siempre están circundados por la memoria y por la manera como a partir de la imaginación podemos recorrer y transformar esa memoria. Luego propone un inagotable pensamiento: la realidad es una “contradicción insostenible” en la medida en que cada uno la recuerda a su manera, y por lo tanto invalida su posibilidad de ser la misma para todos.

La escuela de trabajo de Ballesteros ha sido La divina comedia, de Dante Alighieri, sobre quien ha trabajado ya casi durante 20 años. Este no es un detalle menor, porque ha logrado conseguir lo que siempre querríamos de un estudioso de la Edad Media europea: entender el presente a partir de la comprensión del pasado. En el caso de Cuaderno de entomología el enfoque es doble: el rigor con el que se comenta un texto literario del siglo XIV parece trasladarse al enfoque narrativo con el que Ballesteros construye cada cuento. Pero también tomar perspectivas entomológicas como marco conceptual para narrar cuentos es en sí mismo una seductora propuesta: la libélula como metáfora de la creación artística; una mantis como posibilidad de composición musical; una mariquita que evoca la memoria; una larva que intenta devolver una nieta a un abuelo, etc. Incluso lo que se consigue a través de una cucaracha y Hildegard von Bingen para lograr un buen cuento sobre la santa criolla Elsa de Marmato que descubre su vocación poética a través de una cotidiana visión.

Justo por esta época, en que a partir del mundo natural queremos conocer y darle sentido a nuestra cotidianidad (La vida secreta de los árboles, Sensibilidad e inteligencia en el mundo animal, El ingenio de los pájaros, por mencionar algunos), leer esta colección es entrar en un juego que no dejará indiferente a quien busca relatos escritos con el rigor. Leer a Ballesteros es entrar en un juego narrativo que alertará a cualquier lector que quiera saber quién, qué y cómo está escribiendo en nuestro actual panorama. Y en este caso, con ese valor que confiere el criterio de Ballesteros, unas preciosas ilustraciones de Ana María Velásquez acompañan los textos en una bien lograda edición de Animal Extinto.

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