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Del monte no había retorno

Mauricio Sáenz reseña La guerrilla por dentro, el libro que escribió Jaime Arenas después de abandonar la lucha armada.

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

Hay quien dice que el paro estudiantil realizado en el país en1964 tuvo tanta trascendencia, que sirvió de algún modo de inspiración a las protestas de 1968 en París y a los disturbios universitarios contra la Guerra de Vietnam. Los estudiantes colombianos habían mostrado su casta y derramado su sangre en las manifestaciones contra la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Y al terminar ésta, desde el comienzo de la década siguiente habían sido los primeros en rechazar el pacto del Frente Nacional, que excluía del juego político a quienes no militaran en los partidos tradicionales.

El continente estaba bajo el influjo de la reciente victoria de la Revolución Cubana, y los barbudos de Fidel Castro despertaban en las capitales de América Latina una mezcla de fascinación y temor. El movimiento 26 de Julio había demostrado que derrotar por las armas al imperialismo era posible, y ese mensaje resultaba más sugerente en Colombia, donde la férula del frentenacionalismo dejaba sin posibilidades institucionales a los movimientos de izquierda.

En el centro de ese maremágnum estaba el sacerdote Camilo Torres Restrepo, y a su lado en muchas jornadas Jaime Arenas Reyes, el cerebro de la protesta de 1964, un estudiante de la Universidad Industrial de Santander que dedicó su corta vida a soñar –y a trabajar– por cambiar las estructuras políticas del país. Ambos provenían de familias tradicionales de sus respectivas ciudades, Bogotá y Bucaramanga. Y ambos morirían en el curso de unos pocos años, devorados por la violencia que ya se había afincado en Colombia.

Arenas participó en la creación del ELN en 1963 y se integró en sus filas poco después de la muerte de su amigo y mentor, quien al irse al monte había pasado de líder politico nacional a subversivo raso. Escribió La guerrilla por dentro en 1971, después de abandonar la lucha armada y luego de cumplir la pena a la que había sido condenado por el delito de rebelión. Sabía que el ELN lo buscaba para ejecutarlo, pero eso no impidió que escribiera ese libro que confirmaría su sentencia de muerte. Y dos meses después de publicarlo fue asesinado por la espalda en una calle del centro de Bogotá. Tenía 30 años recién cumplidos.

Más que el relato de vivencias personales que sugiere su título, el libro es en su primera parte una historia de la génesis del ELN, y en la segunda una visión crítica de su dirigencia, y en especial de su comandante de entonces, Fabio Vásquez Castaño. Sus páginas reflejan el idealismo que predominaba en los albores del movimiento guerrillero, de la mano de valiosos dirigentes estudiantiles para los cuales la lucha armada era realmente la única alternativa para cambiar las estructuras del poder en Colombia.

Pero con el mismo tono sincero y espontáneo Arenas dedica el resto del libro a cuestionar el fanatismo que se apoderó de la dirección del ELN, y especialmente de Castaño, quien terminó por causar más bajas en sus filas que el propio Ejército. Tal era su aversión al debate interno y al análisis de las acciones, que mandó fusilar a varios cuadros por la menor divergencia de opiniones, un destino que Arenas, al dejar el monte, apenas pudo aplazar.

La guerrilla por dentro, recién reeditado por la editorial Icono, resulta un libro crucial para entender la historia reciente del país y su capítulo más duro, el de la lucha armada. Al morir, Jaime Arenas se disponía a trabajar por la paz, convencido como estaba de que la violencia no era el camino para Colombia. Pero era demasiado tarde para él.

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