La trama nupcial, de Jeffrey eugenides

A la deriva

Lina Vargas reseña La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides.

2013/06/13

Por Lina Vargas

Jeffrey Eugenides, el escritor de ascendencia griega nacido en Detroit en 1960, graduado Magna Cum Laude de la Universidad de Brown en los años ochenta, profesor de Escritura Creativa en Princeton y ganador del Pulitzer en el 2003, es un genio. Así, a secas. Ya lo sabíamos en 1993 cuando publicó su primera novela Las vírgenes suicidas –luego llevada al cine por Sofia Coppola– y en el 2002 con la segunda, Middlesex, cuyo protagonista es un hermafrodita. Y lo sabemos ahora con La trama nupcial, su tercera novela en dieciocho años.

Primero la historia: Madeleine está a punto de graduarse de Lengua y Literatura Inglesas en Brown. Es 1982 y mientras la mayoría de sus compañeros delira con los difíciles Eco, Baudrillard y Derrida –lecturas obligatorias de Semiótica 211– ella lee a Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brontë. Novelas de la literatura victoriana del siglo XIX, en las que el matrimonio (la trama nupcial) es el fin último y que nada tienen que ver con aquello de deconstruir todo, incluso la noción de amor, que enseña la posmodernidad.

Madeleine, una wasp –protestante, blanca y anglosajona– de veintidós años, segura de sí misma, ligeramente parecida a Katharine Hepburn y, en términos generales, una persona común y corriente –cosa problemática en una facultad cuyos estudiantes admiran la excentricidad en todas sus formas– termina la universidad en medio de un triángulo amoroso. Las partes son Leonard Bankhead, un brillante estudiante de biología con un trastorno maniaco depresivo y Mitchell Grammaticus, un (también brillante) estudiante de teología que luego de su graduación viaja a Calcuta para ayudar a la madre Teresa.

Lo que hasta aquí es un fascinante drama adolescente con una estructura impecable que combina las historias de Madeleine y Mitchell en más de quinientas páginas llenas de giros temporales, y una gran capacidad de Eugenides para hablar de la sexualidad femenina, se convierte en una sola cosa: la vida real. Ya lo ha dicho la crítica, el gran tema de la literatura de Eugenides es la entrada de sus personajes adolescentes a un mundo adulto en el que nadie sabe cómo moverse. Entonces, mientras leemos en novelas como Orgullo y prejuicio que la protagonista, Lizzie, consigue casarse con el millonario y adorable señor Darcy, en La trama nupcial el único matrimonio termina siendo anulado por causa de una enfermedad mental que no se cura gracias al amor.

Es, desde luego, una novela con sutiles burlas a la academia y a la literatura y muchos de los que han pasado por una facultad de Humanidades se sentirán identificados al leerla. Y tal vez se avergüencen al toparse, por ejemplo, con el desprestigio intelectual que causan tonterías como no saber pronunciar el apellido Barthes. A propósito, El discurso amoroso de Barthes, con su profunda sencillez, es la base teórica de esta historia. “La necesidad de este libro –lee Madeleine en El discurso– habrá de buscarse en la consideración siguiente: que el discurso del amante es hoy de una soledad extrema”.

Leer La trama nupcial nos recuerda que no somos tan posmodernos como pensamos ni nuestras emociones son tan victorianas como quisiéramos. Pero, sobre todo, nos recuerda lo que hace un buen libro en la vida de alguien: “Había libros que se abrían paso a través del ruido de la vida y te agarraban del cuello de la chaqueta y te hablaban solo de las cosas que encerraban más verdad”, escribe Eugenides. Este este es, en últimas, un homenaje a esos libros. Y es también uno de ellos.

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