Desaparecida

Diana Ospina reseña "Un descuido fatal. Reconstruyendo mi vida" de David Auburn.

2010/12/15

Por Diana Ospina

Un día cualquiera, sin que la fatalidad se anuncie de ninguna manera, Julia Sandburg (Sigourney Weaver), descubre consternada que su pequeña hija Maggie, de tan solo tres años, ha desaparecido del parque donde estaba jugando. A partir de tan trágico suceso se desarrolla la película dirigida por David Auburn, conocido hasta entonces por ser el guionista de La casa del lago. A Auburn no le interesa contar las pesquisas policiacas que debieron sucederse después de la inesperada desaparición. Evita también los primeros meses de angustia y retoma la historia cuando ya han transcurrido 16 años para mostrarnos cómo continúa la vida de Julia y de quienes la rodean.

 

Sigourney Weaver sabe cómo interpretar a mujeres duras e inasibles en apariencia pero frágiles y sensibles al interior (basta recordar Aliens o Gorilas en la niebla) como lo demuestra, una vez más, con este personaje complejo que lleva en hombros la película. Irremediablemente lastimada, Julia se ha autoimpuesto una vida rutinaria y vacía buscando una manera de expiación. Dolida y furiosa a la vez le queda imposible relacionarse con los demás quienes, lentamente, han ido perdiendo la fuerza para intentar acercársele y han decidido, al igual que su marido, alejarse antes de terminar igual que ella. Chris (Alessandro Nivola), el hijo mayor, a pesar de realizar esfuerzos constantes, tampoco ha logrado penetrar la coraza construida por su madre.

 

El particular y árido equilibrio creado por Julia y tan bien mostrado por el director gracias a ciertas secuencias de imágenes, la música y la mirada fría, distraída, de la protagonista, se vendrá al piso cuando la inestable Louise (Kate Bosworth) irrumpa intempestivamente en su vida. Esta joven desadaptada, sin rumbo ni proyectos, acostumbrada a mentir y fingir para sobrevivir logrará trastornar la rutinaria vida de Julia y devolverle la esperanza. Por un momento nos alivia ver a Julia sonreír, modificar su rutina, aventurarse a probar cosas nuevas. Nos alivia pensar que no buscará visitar de nuevo el parque de los hechos con cara enajenada, queriendo conectarse con los niños ajenos, jugando a ser la madre de ellos, la madre cuidadosa que no les quita el ojo de encima, la que ella no fue en el pasado. El problema es que para que todo esto suceda, Julia debe creer, debe convencerse de alguna manera, de que Louise es su hija perdida y a quien al fin ha recuperado. ¿Es eso cierto? Tal vez no importa saberlo podemos pensar, pero cuando contemplamos el dolor de su hijo al ver cómo una desconocida consigue en días lo que él ha estado intentando infructuosamente por años, la respuesta ya no parece tan simple. Por otra parte, tampoco parece fácil que la voluble Louise esté dispuesta a dejar, de repente, una vida sin reglas, sin límites, de un momento a otro, y olvidar su propio sufrimiento y desconfianza.

 

Cada personaje deberá, a su manera, encarar el dolor acumulado por años y enfrentarse a los destrozos ocasionados por la niña en el parque (como lo dice el título original), esa niña atrapada en el recuerdo de una madre incapaz de superar la pérdida y la culpa. No siempre afortunada en su ritmo, lo mejor de Reconstruyendo mi vida radica en la fuerza actoral de sus protagonistas, me refiero en particular al dueto compuesto por Julia y Louise, que consigue hacer creíble tan desequilibrada relación, y en las preguntas planteadas por el inesperado final abierto.

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