RevistaArcadia.com

Dos puntos

Juan Felipe Robledo reseña Dos puntos de Wislawa Szymborska Ediciones Igitur, 2008 74 páginas

2010/07/02

Por Juan Felipe Robledo

Un instante, escogido del futuro, el pasado o el presente, tiene una vida propia gracias a la voz que lo nombra, que da existencia a hechos en apariencia fútiles o quizás terribles. La intensidad del sentimiento y el poder de la inteligencia que ilumina se hacen uno en la verdad de la palabra que bautiza aquello que no había sido dicho y por ende no existía para nuestra conciencia, permiten que el poeta viva junto a los demás de una manera significativa, nimbando de una forma particular de permanencia aquella levedad del instante que de otra manera no existiría para la memoria y la imaginación. La poesía de Wislawa Szymborska, premio Nobel de 1996, nos permite reflexionar sobre el valor de aquello que es fugitivo y, al mismo tiempo, parece permanecer para la eternidad, ese momento donde confluyen la historia y el azar, los libros que nos hablan de un tiempo sin relevancia y de verdades marcadas con el hierro de la necesidad en los ijares de ese animal vacilante, esa caña pensante que, para la poeta polaca, es el hombre.

La compasión y la ironía, la cultura que no se vanagloria de vivir con naturalidad en el corazón del hombre, la sonrisa sardónica, conviven en los poemas de esta magnífica escritora. Sus dos últimos libros, Instante y Dos puntos, traducidos por Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano, nos acercan a un universo de verdad moral, perfección compositiva y jugueteo con el decir. En sus páginas nos encontramos con Un poeta (que) lee poemas a unos ciegos. / No se imaginaba que fuera tan difícil. / Le tiembla la voz. / Le tiemblan las manos. // Siente que cada frase / debe superar la prueba de la oscuridad. / Tendrá que arreglárselas sola, / sin luces ni colores. // Peligrosa aventura / para la estrella de sus poemas, / para la aurora, el arco iris, las nubes, los neones, la luna, / para los peces hasta ahora tan plateados bajo el agua / y los azores tan callados, altos en el cielo, para terminar reconociendo con gratitud e irónica sonrisa la grandeza de estos lectores : Pero grande es la cortesía de los ciegos, / grandes su comprensión y su magnanimidad. / Escuchan, sonríen, aplauden. // Alguno de ellos incluso se acerca / con un libro abierto al revés / pidiendo un autógrafo invisible para él.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.