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El abanico de seda

Conrado Zuluaga reseña El abanico de seda de Lisa See Salamandra, 2006 320 páginas

2010/03/15

Por Conrado Zuluaga

Lirio Blanco y Flor de Nieve son dos mujeres chinas de la provincia de Hunan hermanadas por una ceremonia ancestral. Se convierten ambas así en laotang –mi otro yo–. El abanico de seda es una obra de ficción, una novela, que relata la trayectoria de estas dos mujeres, su amistad, el entrañable amor que brotó entre ellas a lo largo de muchos momentos de felicidad e infortunio.

Para desarrollar su amistad y el profundo amor que las unió, Lirio Blanco y Flor de Nieve utilizaron un lenguaje secreto –el nu shu– que las mujeres chinas habían creado siglos atrás para comunicarse libremente con el fin de poder contarse sus penalidades y sufrimientos, compartir sus sueños y expresar sin tapujos sus más recónditos sentimientos. Mediante escritos o bordados en abanicos o telas, las mujeres chinas crearon hace más de mil años una escritura que los hombres desconocían y que constituyó el medio más eficaz para comunicarse y expresar su mundo interior. Las mujeres (madres, hijas, nueras, suegras, concubinas, etc.) estaban confinadas al mundo interior, es decir, al cuarto de arriba, en donde tejían, bordaban, cantaban y tomaban el té. El mundo exterior, el de la vida por fuera de ese cuarto, el de los negocios, del trabajo remunerado, de las luchas políticas, de los conflictos sociales, de la escritura estaba reservado para los hombres.

Biznieta del patriarca del Chinatown de Los Ángeles, Lisa See (París, 1955) es conocida en los medios literarios norteamericanos por obras que le han permitido ganarse un espacio propio. Hay que confiar en que el talento exhibido en su trabajo literario no se esfume como parece haberle sucedido a Dai Sijie, quien no ha sido capaz de generar otra novela con la frescura e ironía de que hizo gala en Balzac y la joven costurera china.

El abanico de seda, publicado apenas el año pasado, fue elegido por los libreros independientes de Estados Unidos como el libro del mes. Para su redacción Lisa See viajó durante el otoño de 2002 a China y visitó el condado de Jiangyong y el pueblo de Tongkou. En Tong Shan conoció a Yang Huanyi, una mujer de noventa y seis años que conocía el nu shu.

Con la pasión de un artista y la paciencia de un científico, las dos cualidades que Nabokov considera ideales para leer –y para escribir–, la autora de esta conmovedora e inolvidable novela va recreando, paso a paso, la vida de Lirio Blanco y Flor de Nieve desde su niñez (“Años de hija”) y su adolescencia (“Años de cabello recogido”) hasta la crianza de sus hijos (“Años de arroz y sal”) y su viudez (“Años de recogimiento”), para crear un sobrecogedor fresco de una sociedad tan exquisita como tortuosa, machista y rebosante de una milenaria sabiduría.

Una sociedad regida por una serie de creencias metafísicas, de costumbres ancestrales que hoy se pueden considerar atroces, de rígidas normas que sometían a la mujer a condiciones humillantes: “Cuando seas niña, obedece a tu padre; cuando seas esposa, obedece a tu esposo; cuando seas viuda, obedece a tu hijo”. Circunstancias que las movieron a crear su propia escritura para poder volar a través de los campos y que escucharan otras mujeres. 

No se equivocó Borges al afirmar en cierta ocasión: “Como a todos los hombres, a nosotros también nos ha tocado vivir en malos tiempos”.

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