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El barroco juega de local

Jaime Andrés Monsalve reseña la primera grabación de la Orquesta Barroca de Colombia, Bach/ Vivaldi: Conciertos para violín

2010/03/15

Por Jaime Andrés Monsalve B

En la portada de este trabajo sonoro se lee, en letra chica, la siguiente frase: “Primera grabación en Colombia de conciertos para violín de Bach y Vivaldi”. Una afirmación que puede entenderse como una buena noticia o, por el contrario, como la notificación alarmante de cierta aridez discográfica en el país. La primera interpretación de esa frase es la que nos compete, al menos en esta ocasión.

Esa condición fundacional, el hecho de que podría ser punto de partida para otras grabaciones nacionales por venir, acaso también dedicadas a la música del barroco centroeuropeo para orquesta de cámara y solista, es una primera razón para no perderse este disco. Suponiendo que no haya un eco en ese sentido, sí es un hecho que la presente grabación de la muy novel Orquesta Barroca de Colombia tendrá un lugar privilegiado en la producción discográfica de música culta en el país, al lado de emprendimientos bien conocidos como los de Música Ficta, las investigaciones de Egberto Bermúdez y Elly Anne Duque, las grabaciones de compositores nacionales fomentadas por el Banco de la República y, por qué no, incluso las adaptaciones de música popular nacional en formato sinfónico.

Siendo aquella una razón fundamental, hay varias más. Indudablemente la de mayor peso es la presencia de Adrián Chamorro, una de las grandes figuras de la ejecución barroca, clásica y romántica que ha dado el país. Es fácil encontrarse con el nombre de este violinista en registros discográficos de agrupaciones fundamentales en el arte de la ejecución erudita mundial como Les Talents Lyriques del clavecinista francés Christophe Rousset, el reputado colectivo Hesperión XXI de Jordi Savall, el ensamble que acompaña a la sexy y mediática violinista rusa Viktoria Mullova, y la Orquesta de Champs-Elysées, que él mismo fundó al lado del director Philippe Herreweghe. En la presente grabación de dos conciertos de J. S. Bach y dos más de Vivaldi, Chamorro funge como violín solista y director. Un crédito colombiano para el mundo a quien difícilmente puede tildársele de cerebro fugado.

Más allá de la presencia del virtuoso nacional y de la novedad de tener en Colombia una orquesta dedicada al repertorio de los siglos XVII y XVIII (conformada por estudiantes de conservatorio de entre 16 y 20 años), a las claras la mayor valía de este trabajo es su sintonía con la tendencia actual de la ejecución barroca, que en los últimos 30 años se ha encargado de ejercer un saludable zapatero-a-tus-zapatos entre músicos y orquestas al haber rebatido ciertas maneras de interpretar y entender a Bach, a Vivaldi y a sus contemporáneos. En palabras del mismo Chamorro, la única diferencia sensible entre este disco y los que se lanzan en Europa con repertorios similares es la lógica imposibilidad de grabar en estos lares con instrumentos de época.

Por lo demás, esta grabación goza de la magia de lo viejo redescubierto. Ciertos pasajes de estos conciertos, en especial los movimientos lentos, están dotados de una frescura y una liviandad tales que –enhorabuena– logran que el oyente se olvide que detrás de la bella filigrana externa hay un sólido y complejo andamiaje determinado por años de estudio y práctica. “Tocar un instrumento es realmente fácil –dicen que dijo Bach–. Todo lo que hay que hacer es oprimir la tecla correcta en el momento correcto, y el instrumento tocará por sí solo”. Oyendo esta grabación, tan dotada de una naturalidad pocas veces escuchada, uno podría terminar por creerle al genio alemán. Estaba visto, en todo caso, que en el temperamento de Bach también cabía una modestia innecesaria.

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