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El búfalo de la noche y Retorno 201

Francisco J. Escobar reseña El búfalo de la noche y Retorno 201 de Guillermo Arriaga Editorial Norma, 2006 236 páginas / 168 páginas

2010/03/15

Por Francisco J. Escobar S.

¡Insectos! Tijerillas, garrapatas, avanzan en hileras por las páginas de estos dos textos del autor mexicano. Se incrustan, se cuelan, navegan por las venas de sus protagonistas hasta arrastrarlos a la locura o a la muerte. En la novela El búfalo de la noche (escrita en 1999), las primeras torturan a Gregorio. En el libro de cuentos, Retorno 201, una garrapata se “prende” del brazo de Luis, y éste prefiere la gangrena antes que liberarse del parásito. Y hay también animales: ratas, jaguares, perros y un artiodáctilo: “el búfalo de la noche sueña con nosotros”.

Ésa es la fauna que puebla los relatos de Guillermo Arriaga, el conocido guionista de Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006), el mismo que fue premiado en Cannes por Los tres entierros de Melquíades Estrada (2005). Pero esos animalitos, en manos del escritor, son criaturas inocentes; las bestias amenazantes son los humanos, son ellos los que matan, traicionan y se parten la madre. Así lo vemos en El búfalo y en Retorno. La primera historia nos la cuenta Manuel, un universitario que se enamora de Tania, la novia de su mejor amigo: Gregorio, que ha empezado a enloquecer. Mientras éste permanece recluido en el sanatorio, bajo la atenta custodia del psiquiatra, Manuel se “coge” a Tania -con mucha frecuencia- en la habitación 803 del Motel Villalba. El destino de este trío de cuernos quedará definido el día en que Gregorio decide terminar con su vida de un balazo. En ese momento (apenas al inicio de la novela) la vida del narrador de la historia cambiará sin remedio.

La segunda obra es una recopilación de relatos cortos en los que, de nuevo, está presente la marca de la casa: escenas crudas como en las que los niñitos primos de la fofa y silente Lilly comienzan a violarla (“me saqué la pirinola y se la metí a Lilly [...] A veces gritaba, pero eso no tenía importancia...”), fluidos corporales, muerte (muertos), sexo, riñas, amores malditos; ese es el menú de Retorno 201.

En ambos textos encontramos personajes de la calle (“La calle se lleva dentro, y yo escribo sobre ella”); en ambos se pueden sentir las atmósferas de los guiones que González Iñárritu ha llevado al cine (hay algo de Amores perros en todo); en ambos se respira el espíritu de cazador de Arriaga: “La caza acerca a la verdad de las cosas. Todo mi trabajo es sobre la caza y mis personajes se comportan como cazadores”, ha dicho; y en ambos también hay algo de irregularidad. El final de El búfalo no está a la altura de la historia que ha tejido el escritor y sobran algunos cuentos de Retorno. Al cazador, un hombre de fina puntería con sus guiones, le falta algo de tino con sus textos literarios, no sabe adónde dirigir su última bala.

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