Portada del libro Amor, pobreza y guerra de Christopher Hitchens.

El cadáver equivocado

Mauricio Sáenz reseña Amor, pobreza y guerra de Christopher Hitchens.

2010/04/21

Por Mauricio Sáenz

Christopher Hitchens anda disparando para todos lados desde el ataque del 11 de septiembre de 2001, cuando los extremistas islámicos de Osama Ben Laden hirieron el corazón de su amada Nueva York. Ese día fatídico no solo mató a unos 3.000 ciudadanos de la Gran Manzana. También le dio la estocada definitiva a la moderación y la sindéresis de quien ha sido considerado el mejor ensayista británico desde George Orwell, y el mayor polemista de nuestros días.

Hitchens vuelve a las andadas con el libro Amor, pobreza y guerra, una compilación heterogénea de 46 artículos publicados en revistas como The Nation, Vanity Fair, The Atlantic Monthly, The New York Times Book Review y el diario The Guardian. El volumen resulta provocador desde el primer párrafo, cuando el autor se apresura a explicar el título con un antiguo proverbio cuya procedencia no explica. “La vida de un hombre está incompleta a menos que, o hasta que, haya probado el amor, la pobreza y la guerra”.

Cuando Hitchens escribe “amor”, quiere decir “literatura”, para abarcar textos sobre autores como Byron, Joyce, Proust, Borges, Waugh, Kipling y Huxley, a quienes se aproxima con una mezcla de devoción e irreverencia. Pero también quiere decir “desprecio”, porque el primer ensayo está dirigido a destruir la figura de Winston Churchill, con verdades comprobadas, como que sus mensajes radiales más importantes fueron pronunciados por un actor, ante la imposibilidad alcohólica de que el Primer Ministro lo hiciera personalmente, pero también con mentiras desvirtuadas, como que Churchill sabía del ataque a Pearl Harbor pero lo calló para hacer inevitable la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra.

Ese “amor”, en un giro sorprendente, también abarca una subsección titulada “Americana”, en la que le da rienda suelta a su pasión por su patria adoptiva, Estados Unidos. Recorrer Sunset Boulevard y cantar la balada de la Ruta 66, la mítica carretera que atravesaba al país antes de que Dwight Eisenhower inventara las autopistas, lo transporta a una especie de paraíso nostálgico. Esa devoción sin distancia resulta excesivamente sentimental, sobre todo para alguien que, acto seguido, es capaz de derramar sin contemplación su vitriolo sobre los personajes que le son antipáticos.

Porque cuando dice “pobreza”, para titular la segunda sección, Hitchens no se refiere a la material, sino a la falta de estatura moral, a la indigencia de la imaginación y a la hipocresía social que atribuye a la religión y a las figuras públicas que escoge según sus preferencias. Bajo este epígrafe aparecen “víctimas” ya conocidas en su historial, como la madre Teresa y el Dalái Lama, pero también Michael Moore, Martha Stewart, Mel Gibson…

O Bill Clinton, a quien no le perdona haber bombardeado una fábrica farmacéutica en Sudán (saldo, un muerto), aunque más adelante, en la sección “Guerra”, no duda en alabar la invasión a Irak de George W. Bush (saldo, 200.000 muertos, y contando). Porque esa tercera y última parte Hitchens apunta sus armas retóricas contra los fundamentalistas islámicos y contra todo aquel que, de este lado del mundo, haya tratado de encontrar una explicación racional al proceso que desembocó en la agresión injustificable de 2001.

Solo que, al apoyar sin reservas el ataque contra Irak, el autor ignora (¿conscientemente?) que Saddam Hussein lideraba un régimen que si bien era sangriento con la oposición, era el más secular del mundo árabe, en el que las mujeres que ahora son obligadas a usar la burka tenían una vida personal. Un régimen que, por la misma razón, no podía tener vínculos con los fundamentalistas de Osama Ben Laden, y que, además, carecía de las armas de destrucción masiva sobre las que Bush y Tony Blair mentían en forma tan descarada.

Hitchens, como dijo un crítico, es capaz de encontrar el lado oscuro de Mary Poppins, y eso es muy popular en la gradería. Está bien, alguien tiene que hacer su trabajo. Pero con este británico muchas veces genial, siempre hay el riesgo de que el ácido sulfúrico disuelva el cadáver equivocado.

 

Amor, pobreza y guerra

Christopher Hitchens

Editorial DEBATE, 2010

537 páginas, $59.000

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.