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El cercano Oeste

Nicolás Mendoza reseña 3:10 a Yuma del director James Mangold

2010/06/30

Por Nicolás Mendoza

Las películas de vaqueros, los westerns, suelen girar alrededor de algún bandido legendario. El bandido siempre es objeto de culto; su existencia pasa a la imaginación de los demás como una constelación en la que cada punto tiene una fuerza determinante. Así, la pistola que usa el bandido tiene un nombre que la diferencia de las otras de su especie, sus asaltos más memorables son recordados como en un álbum de Greatest Hits y muchos a su alrededor arriesgan la vida porque hacer parte de la leyenda garantiza la inmortalidad. Quien doblegue a un asesino tan temido como el Ben Wade de 3:10 a Yuma adquiere el derecho de ser recordado por siempre como un hombre de gran valor.

En 3:10 a Yuma el director James Mangold (Walk the Line, Girl Interrupted) nos muestra un bandido legendario que cumple con todos los cánones y que a la vez es lo opuesto a ellos. El Ben Wade de Mangold asalta diligencias y tiene una pistola que se llama “La mano de Dios”, pero también hace dibujitos en una libreta cuando no está haciendo nada y le reprocha al sheriff su poco interés por la lectura. Es sutil, pero 3:10 a Yuma pone a temblar las estructuras del western como género. El gran Ben Wade sabe lo ridícula que es la leyenda que él mismo ha construido y se pregunta en silencio si todavía es tiempo de volver a empezar. El villano bueno tiene como contrapeso un a héroe endeudado y en crisis de autoestima. Estos dos personajes se enfrentan y al mismo tiempo forman un equipo. Wade quiere rebelarse contra tener que ser quien se supone que es, y Dan Evans (nuestro héroe en crisis) quiere quitarse el peso del fracaso que le ha sido impuesto injustamente.

La relación de estos dos hombres es el corazón de la película. “Es una exploración de la masculinidad… Más que un drama histórico es una especie de sueño delirante sobre las ansiedades americanas y en particular sobre las ansiedades americanas masculinas; la libertad, el éxito, el espíritu emprendedor, el respeto y el bien y el mal”, dice Mangold desentrañando las preocupaciones que realmente definen a los personajes. Las actuaciones de Russell Crowe y Christian Bale son determinantes para dar vida a estas ideas del director, porque lo más importante está entre líneas. La fuerza de estos dos actores le da sentido y profundidad a la película a tal punto que la escena central se desarrolla mientras esperan a que pase el tiempo en un cuarto de hotel. Otras actuaciones memorables son las de Ben Foster como Charlie Prince, un bandido amanerado y sanguinario, y Peter Fonda como Byron McElroy, un caza recompensas otoñal.

3:10 a Yuma tiene una importancia particular: cada vez se hacen menos westerns, cada día el lejano oeste se hace literalmente más lejano para el cine, y esta película sirve para recordarnos por qué no debe ser así. Desde Los Imperdonables, de 1992, no se hacía un gran western. En Los Imperdonables, Clint Eastwood propone algo similar a 3:10 a Yuma. El protagonista es un villano-héroe, William Munny, cuya maldición es darse cuenta de que el demonio sigue vivo en su interior a pesar de haber pasado once años sin disparar un arma. En cierto sentido, 3:10 a Yuma es como la primera parte de Los Imperdonables, aunque quizá para Ben Wade haya esperanza: él no parece arrepentido como William Munny, sino más bien aburrido de ser un bandido legendario como cualquier otro.

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