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El despertar de un líder

Marta Ruiz reseña Juan Gregorio Palechor: historia de mi vida

2010/03/15

Por Marta Ruiz

Juan Gregorio Palechor creía que la conciencia se le había despertado una mañana, cuando apenas tenía dos años. “Para mí esa mañana me es feliz por todo el tiempo... principié a investigar y a pensar que había que seguir viendo muchas cosas más y eso fue el principio del despertar del conocimiento” cuenta en los primeros apartes de su historia de vida, publicada por Myriam Jimeno. Juan Gregorio Palechor, historia de mi vida es un libro con doble vocación. Se puede leer como la biografía de un luchador, o como una reivindicación del relato personal como fuente de investigación científica.

El libro tiene dos partes. La segunda es un fascinante viaje a través de las luchas de los indígenas del Cauca a partir de la violencia del 48, prácticamente hasta la muerte del protagonista, en 1994. Lo interesante de su biografía, más allá de los episodios que la recrean, es que el lector es testigo presencial del crecimiento intelectual de este personaje, que convierte en sabiduría cada episodio de la vida cotidiana.

Palechor nació en un resguardo del macizo colombiano. Apenas estuvo dos años en la escuela, pero fueron suficientes para que se convertiera en tinterillo. Aprender a leer y escribir además de haber prestado el servicio militar obligatorio avivaron su conciencia política, al tiempo que una peculiar comprensión de la nación colombiana, y de las tensiones que existen entre ella y las distintas etnias. Militó en las filas de Jorge Eliécer Gaitán y después en el MRL, de donde salió decepcionado por la politiquería. Vendría a ser en los movimientos sociales, tanto el comunal, como el agrario y finalmente el indígena, donde alcanzó vuelo como líder, especialmente el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC. Como lo dice Jimeno en el capítulo de introducción, territorio y cultura serían los dos aspectos que impulsarían su orgullo étnico, que lo impulsarían a defenderse en su condición de indígena, de pobre, pero también buscando integrarse a una nación como ciudadano. “Se burlaban, se reían de mi persona, pero eso no me acomplejaba; yo sabía que tenía un derecho como ciudadano, como hombre, a seguir hablando”, dice.

La historia de Palechor nos recuerda que los indígenas han tenido que recorrer un largo camino para gozar los mínimos derechos. Que apenas hace unas décadas eran tratados como siervos, humillados, segregados por las propias instituciones y por las rancias aristocracias locales. “Para nosotros la dureza de la vida comenzaba desde el vientre”, dice para explicar por qué las mujeres tenían sus hijos solas, en la casa. O cuando relata que su maestra de escuela “había tenido escuela primaria también de dos años”. A pesar de haber sido un autodidacta, se lamentó toda su vida por lo poco que había estudiado. “Negar la educación, esa es la rabia de Palechor”, le confiesa a la autora.

La primera parte del libro es para entendidos. Jimeno se ubica en una tradición de las ciencias sociales que defiende la validez de las biografías en los estudios antropológicos y sociológicos. Tradición que reivindica el relato personal ya no como instrumento para recopilar datos sobre la realidad, sino como un modo de representación social y simbólica de los sectores subordinados. Luego, hace un análisis de la experiencia política indígena a partir del relato de Palechor.

Para fortuna del lector colombiano las historias de vida han sido un género bastante utilizado por periodistas como Alfredo Molano, Alonso Salazar, Patricia Lara, movidos más por el interés de narrar buenas historias que de hacer etnografía. La historia de Palechor no es solo eso. Es un recorrido para entender cómo se llega del no poder al poder. Al poder hablar, poder conocer, poder reivindicar y poder, por fin, organizarse y tomar decisiones libres.

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