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El editor como escritor

Hugo Chaparro Valderrama reseña Por orden alfabético. Escritores, editores, amigos, de Jorge Herralde

2010/03/15

Por Hugo Chaparro Valderrama

En términos beisbolísticos, el editor de Anagrama, Jorge Herralde, es el manager de una novena que sabe cómo jugar y triunfar en el diamante literario. Sus bases siempre están llenas de jugadores que han marcado una pauta en la ficción contemporánea. Podemos reconocer a un equipo que suele batear homeruns: sobre la loma del pitcher, Juan Villoro; de catcher, Julian Barnes; en primera, segunda y tercera, Raymond Carver, Roberto Calasso y Vladimir Nabokov; de short-stop, Antonio Tabucchi; en los jardines, Alan Pauls, Alonso Cueto y, para extremar la alucinación, Patricia Highsmith. Los fanáticos del equipo y seguidores del manager pueden conocerlo aun más leyendo las anotaciones íntimas de lo que ha significado para Herralde construir su imperio; de qué manera el mapa de Iberoamérica, hecho lenguaje, ha descubierto nuevas fronteras por su infatigable curiosidad para contratar, traducir y difundir a un autor, vestido en español con el uniforme de color amarillo que identifica el diseño de sus volúmenes de ficción.

Por orden alfabético, sus memorias a través de una serie de artículos, publicados o inéditos hasta la edición de este libro, registran las bambalinas de lo que ha sucedido antes o después de salir a la cancha. El subtítulo del libro agrega: Escritores, editores, amigos. Un rompecabezas que ofrece como imagen final del juego, cuando se han encajado todas las piezas, la historia de la editorial –bautizada cuando Herralde leyó, hacia los años sesenta, el título de Renato Barilli, Senso e anagrama–, poblada por personajes que eventualmente han cruzado desde el territorio de un manuscrito al negocio editorial que lo transforma en un libro y, eventualmente, hacia el territorio, acaso más apacible, de una segura amistad.

Se cumple entonces uno de los anhelos que cifra la promesa literaria: enriquecer la realidad a través de la escritura. En otras palabras, como cita Herralde en su remembranza de Raymond Carver, filtrada tras un velo de melancolía por la ausencia del autor que escribió en un poema: “¿Y he obtenido todo lo que / quería de esta vida, a pesar de todo? / Sí. / ¿Y qué quería? / Sentirme llamar amado, sentirme amado sobre la tierra”.?Las fotografías del libro ilustran esa recompensa, el cariño de los otros por la escritura de una buena historia. Lanzamientos, premiaciones, fiestas de aniversario, la imagen de Charles Bukowski tomándose un largo trago a pico de botella en el programa “Apostrophes”, de Bernard Pivot –en el que Bukowski se burló, una vez más, de la solemnidad que enrarece el oficio de escribir–, ofrecen en clave visual las descripciones de los textos de Herralde.

El orden alfabético al que alude el título se inicia con Jesús Aguirre y termina con Puco Zaforteza –al que Herralde le agradece su vieja hospitalidad y su cálida amistad de siempre–. Una frase que puede ser mutua entre los autores y el editor de la casa, aquellos que en las fotografías, como señala Herralde, ofrecen “una aportación anagramática a un cierto friso de época”. A todo esto se suma el epígrafe de Giorgio Manganelli, que define el rumbo de la compilación: “Una persona moralmente irreprochable no escribe libros”. Más que un volumen sobre el cómo y el porqué del mundo editorial, es un libro sobre las pasiones humanas con base en las que se construye la ficción y el espejo donde el lector, tal vez, se descubra reflejado.

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