El Cuerpo Humano de Paolo Giordano

El ejército de la muerte

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2013/08/16

Por Consuelo Gaitán

Qué buen título para un libro sobre la guerra. El protagonista, un médico teniente del Ejército italiano de misión en Afganistán, se sorprende cuando descubre que “está experimentando algo que sabía de antemano: que toda la pena, el sufrimiento y la compasión hacia otros seres humanos no son sino pura bioquímica: hormonas o neurotransmisores inhibidos o liberados”. Esa incómoda percepción se hace más evidente cuando se está en guerra, donde muchos de los rasgos que distinguen al hombre de los demás animales se van perdiendo (el pudor, la reflexión) para dejar lugar a las pulsiones más elementales: el egoísmo, la crueldad, el miedo, etc. El teniente Egipto (su jefe, para denostarlo, aparentemente se confunde llamándolo teniente Marruecos), es el primero en sentir en su cuerpo los efectos de esta amarga condición y, aunque durante un tiempo cae bajo el influjo de las drogas antidepresivas, logra liberarse de ellas como una especie de compromiso consigo mismo, de tomar su propio destino entre sus manos.

La historia parece basada en acontecimientos históricos recientes, referidos a la participación de Italia en la guerra contra el poder talibán en Afganistán, como apoyo a la lucha internacional en contra del terrorismo. En una zona del sur de Afganistán, en el valle de Gulistán –un lugar aparentemente seguro–, se instala un pelotón de voluntarios conformado por jóvenes inexpertos e ilusionados con hacer parte de una misión de relevancia en contra de la guerrilla talibán. Allí, los comienza a carcomer uno de los peores enemigos del hombre: el aburrimiento. Decía Roberto Bolaño que en el rostro del aburrimiento se reflejan cosas tan horribles que es mejor no nombrar.

Y, efectivamente, allí suceden escenas crueles, duras, innecesarias, de sometimientos físicos y degradación psíquica entre compañeros, entre oficiales que, quizás, en otros espacios no habrían cometido estas bajezas.

Es inevitable pensar en Joseph Conrad cuando se lee este libro. Son asociaciones que vienen a la mente: europeos en países tercermundistas, en culturas que poco o nada comprenden y, en este caso, en una guerra irracional (excusas por el pleonasmo) cuyos rostros enemigos ni siquiera pueden distinguir. Pero además, porque los personajes están tan bien delineados en sus debilidades y tormentos, con sus disyuntivas morales e inseguridades como en cualquier libro de Conrad. No deja de sorprender que este joven escritor cuyo éxito fulgurante a los ventiséis años con la hermosa novela La soledad de los números primos, lo haya conseguido nuevamente: un singular manejo del ritmo y la estructura narrativa, una tensión sostenida, incluso reiterando una de sus obsesiones: las indelebles marcas que deja en los individuos una vida familiar conflictiva y los caminos erráticos que surgen de allí.

Una frase ya muy socorrida dice que “en la guerra siempre gana el mismo ejército: el de la muerte”. Y sin que haya ninguna clase de juicio directo en la novela, el lector va poco a poco vislumbrando el disparate de unas decisiones que implican ante todo una torcedura del destino de miles de jóvenes, de generaciones y de naciones cuyos procederes solo siguen los lineamientos de unos pocos dirigentes del absurdo. Cuando en el 2010 se subió el presupuesto de la participación de Italia en la guerra de Afganistán de 45.000 a 51.000 millones de euros mensuales (!), alguien denominó como “delincuentes políticos” a la mayoría del Parlamento que votó a favor, pues era una flagrante violación al artículo 11 de la Constitución: “Italia rechaza la guerra como instrumento de resolución de las controversias internacionales”. Y ahí siguen…

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