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El extraño conocido

Alberto de Brigard reseña El orientalista de Tom Reiss

2010/03/15

Por Alberto de Brigard

A pesar de que El orientalista incluye cincuenta páginas de notas textuales y treinta y cuatro de “bibliografía selecta”, su lectura deja el sabor de un relato de ficción. Esto no debe interpretarse como una crítica negativa con respecto al rigor de la larga investigación de Tom Reiss sobre Lev Nussimbaum, una curiosísima figura de principios del siglo XX; por el contrario, se trata de una prueba de la sintonía del autor con su personaje, quien hizo de su propia vida una creación de la imaginación y sorteó -con su fantasía como arma principal- los muchos peligros que rodeaban la vida de un judío ruso nacido en 1905.

Reiss es un periodista norteamericano que encontró por primera vez a Nussimbaum en 1998, en su encarnación de “novelista nacional” de Azerbaiyán y quedó atrapado por la maraña de caminos que se abrían con cualquier intento de explorar con mayor profundidad la vida del escritor de Alí y Nino. Tras publicar en el New Yorker un artículo sobre la vida y los tiempos del autor de esta novela romántica situada en el Cáucaso, Reiss decidió continuar las pesquisas para seguir sus pasos en la Alemania prenazi y en la Italia de Mussolini.

Nussimbaum era hijo de un comerciante judío que se hizo rico en la ciudad de Bakú, que en ese momento era la capital de la explotación petrolera del mar Caspio y un sitio privilegiado de encuentro entre Oriente y Occidente; su madre era una revolucionaria cercana a Stalin que se suicidó por motivos no completamente claros cuando Lev tenía unos siete años. Perseguidos por la Revolución Bolchevique, los Nussimbaum recorrieron gran parte de su país antes de huir a Berlín vía Constantinopla. De acuerdo con Ross, esa aventura creó en el autor una actitud de rechazo visceral al comunismo y a todo tipo de revueltas populares, y una nostalgia permanente por un Oriente idealizado en el que todas las razas y religiones podrían convivir en paz.

En Alemania, Nussimbaum completó sus estudios de bachillerato y de universidad. Desde muy joven empezó a publicar libros y artículos, primero con la firma de Essad Bey y más tarde con la de Kurban Said. Junto con los seudónimos fue apareciendo una nueva personalidad del autor: sus padres se convirtieron en un respetable caballero musulmán y una rusa noble e idealista, y él mismo se transformó en el continuador de una tradición de estudiosos y pensadores de Oriente que podía retroceder hasta Maimónides. Desdibujando su historia familiar y personal, mientras permanecía completamente visible en el mundo literario de los años treinta, Bey (o Said) logró evadir la persecución nazi, mezclarse con la alta sociedad de Berlín y Roma, y morir de muerte natural hacia 1942, a causa de una gangrena sobre cuyo origen también aparecieron leyendas.

El libro de Reiss comparte virtudes y defectos de muchas crónicas periodísticas de los últimos tiempos. Por un lado, reúne una abrumadora cantidad de información, organizada en una narrativa amena, con reflexiones relevantes sobre los efectos históricos de largo plazo de eventos poco conocidos; por otro, está plagado de molestos intentos por convertir el proceso de investigación en algo casi tan importante como el relato central, e incluye una gran cantidad de datos y referencias muy indirectamente relacionados con la biografía, casi como si el autor no pudiera soportar que cualquiera de sus fichas bibliográficas o alguna de las muchas jornadas que seguramente pasó en varias bibliotecas dejaran de engrosar su libro. No importa. Nussimbaum-Bey-Said fue la perfecta víctima de la maldición china: vivió en tiempos y lugares ciertamente interesantes, y El orientalista los revive con lujo de detalles.

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