El inframundo bogotano

Andrea Echeverri reseña "La sociedad del semáforo" de Rubén Mendoza.

2010/09/11

Por Andrea Echeverri

La sociedad del semáforo narra una de las tantas realidades que conviven a comienzos de este nuevo milenio, el submundo de los que no tienen casa. Es la historia del rebusque en las calles de una ciudad tercermundista, en la que un grupo de mendigos, malabaristas, lisiados, desplazados y vendedores ambulantes, sobrevive en una esquina a punta de lo que consigue de los conductores y pasajeros de los carros que se detienen en los semáforos en rojo.

 

Se trata del primer largometraje del colombiano Rubén Mendoza, director del premiado corto La cerca, y montajista de las dos últimas películas documentales de Luis Ospina. Este proyecto lleva ya un largo recorrido antes de llegar a las pantallas, a punta de becas y apoyos, que consiguió tanto en el país como en Europa y Argentina desde el surgimiento de la idea original en 2006. Ahora sólo le falta la confrontación final: el encuentro con el público.

 

No es un tema desconocido en la cinematografía colombiana; ya había sido tratado de diversas maneras, dando siempre de qué hablar: Buscando a Miguel, de Juan Fischer, era la fábula de un político que pierde la memoria y sobrevive en las calles; La primera noche, de Luis Alberto Restrepo, contó la travesía de una pareja de desplazados que llega a la ciudad a buscarse la vida; en Riverside, de Harold Trompetero, un colombiano y su mujer se convierten en homeless en Nueva York. Y antes, Agarrando pueblo, falso documental de Luis Ospina y Carlos Mayolo de 1977, llegó al fondo del asunto poniendo el dedo en la llaga de la por entonces tan manida pornomiseria. Fue este mediometraje el que sirvió de inspiración para la película de Mendoza, que cuenta, por demás, con Ospina en la labor del montaje, invirtiendo los papeles anteriores.

 

En este caso, La sociedad del semáforo nos relata la vida de Raúl, un chocoano que llegó a la capital buscando un mejor porvenir pero ha perdido su rumbo, quedando anclado en las calles y el bazuco. Con sus rudimentarios conocimientos eléctricos, le propone al parche de uno de los sectores más cotizados para el rebusque que le subvencionen un invento ideal: un aparato que les permitirá controlar las luces de los semáforos, permitiendo que el rojo dure eternamente y ellos puedan sacar provecho de la espera de los carros.

 

Lo particular de este film es su tratamiento. La trama no tiene un derrotero fijo, parece vagar, como los indigentes que la protagonizan; se mece al vaivén del clima y las dificultades, acompaña el devenir sin tiempo preciso de Raúl y sus parceros. Personajes humanos y matizados, interpretados por actores desconocidos —Alexis Zúñiga, Abelardo Jaimes, Gala Bernal, entre otros— lejanos a los estereotipos, a quienes se les adivina un pasado distinto, un destino truncado.

 

Con una dirección de arte precisa, que no cae en vulgarismos ni en lugares comunes, que no invita a la lástima ni al desprecio, y una fotografía lúcida, llena de contrastes y matices, que recrea una ciudad tan imaginaria como real, Rubén Mendoza nos empuja a la calle, nos hace vivir afuera, nos permite conocer la dureza y la complejidad de la existencia de personajes tan disímiles como Cienfuegos, el lisiado que añora revivir; Victoria, la tragafuegos solidaria; Aníbal, el inventor de pasados; Amparito, la panadera gentil, amén del poeta, la vendedora de tinto, la de las rosas; en fin, toda una gama de seres que logran tejer un entramado de relaciones y construir esa realidad paralela, que a veces nos aterra cuando quedamos atrapados en un trancón.

 

La sociedad del semáforo

Dirección: Rubén Mendoza

Actores: Alexis Zúñiga, Abelardo Jaimes, Gala Bernal.

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