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El misterio del habla

Mauricio Sáenz reseña Los logócratas, una colección de los trabajos de George Steiner

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

Aunque es escritor y filósofo, y ha escrito varias decenas de libros, a George Steiner se le conoce sobre todo por sus cualidades como crítico literario y teórico del lenguaje. En numerosos ensayos, como colaborador de las revistas The Economist, primero, y actualmente en The New Yorker, The Times Literary Suplement y The Guardian, entre otras, sus profundas disecciones textuales incitan a reflexionar sobre el hecho mismo de la palabra escrita, la naturaleza de la crítica y de los libros, la teoría de la traducción, el ethos de la cultura y muchos tópicos más.

Los logócratas es una colección de trabajos anteriores vinculados por un hilo conductor que no aparece con claridad sino al avanzar en el texto. En cuatro grandes secciones, y de modo casi imperceptible, Steiner revela su ferviente defensa de la literatura y, en el fondo, del hecho mismo de leer.

En la primera, bajo el nombre “Mito y Lenguaje”, aparece el ensayo principal que le da título al volumen. En él analiza la postura de Pierre Boutang, Joseph de Maistre y Martin Heiddegger quienes, desde sus propias orillas, suscribieron la tendencia lingüística que implica que el pensamiento preverbal es imposible, así como no podría existir conciencia moral sin un pensamiento articulado. Todos esos modelos “trascendentes” para explicar el habla humana tienen algo en común: el logos, que “supone e implica el misterio de una fuerza divina en el habla”.

De ese modo, el logos precede al hombre y la palabra tiene primacía ontológica sobre quien la usa. Como dice Steiner, según esta óptica el hombre “no es el amo del habla, sino su sirviente”, y cada vez que usa el lenguaje para comunicarse es un usurpador. Como reseña en Los logócratas, para De Maistre existe una concordancia ontológica entre las palabras y su sentido porque toda habla humana emana del logos divino. Para Heidegger, “las palabras justas de los grandes poemas, su reagrupamiento sin precedentes, este descubrimiento perfecto de algo que no ha sido conscientemente buscado, han sido dadas al poeta” y prueban la anterioridad del logos al habla. No es el poeta el que canta, él es cantado por el lenguaje.

Ninguno de los citados es demócrata, pues una lingüística que sitúa el origen del lenguaje lejos de la evolución, es esencialmente teológica, así en Heidegger asuma otra dimensión. Como consecuencia, la revelación implica el autoritarismo, pues el hombre es el guardián de un lenguaje que le ha sido entregado por la divinidad, y “las verdades primordiales no están sujetas a plebiscito”. Los logócratas, en fin, descubren en la degeneración del lenguaje una correlación inevitable con el deterioro de la sociedad, con la descomposición nacional o individual.

En la segunda sección, “Los libros nos necesitan”, Steiner se presenta como “profesor de lectura”. Allí sostiene que el libro es un objeto de poder incalculable, dotado de atributos sorprendentes. Todo, porque “en la experiencia humana no hay fenomenología más compleja que la de los encuentros entre texto y percepción”. El libro triunfa sobre la muerte, y no necesita al lector, ni mucho menos al crítico, para existir. En realidad, los libros que valen la pena son los que requieren más trabajo y aceptan más lecturas e interpretaciones, lo que implica, en últimas, que el lector no lee al libro, sino que es leído por este.

Los logócratas concluye con un sorprendente cuento que tiene lugar en Medellín, en la época de Pablo Escobar. Steiner usa el relato para anteponer la poesía a la violencia. Pero está tan lleno de preconcepciones, lugares comunes y errores factuales (un grupo de poetas viaja por tierra de México a Medellín en siete horas) que todas las buenas intenciones de la ficción se van al piso. Al menos para el lector colombiano.

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