Mito o Logos, Carlos Gaviria Díaz. Luna Libros, 2013. 133 páginas. $34,000

El mito del logos

Carlos Gaviria nos ofrece una bella clase de filosofía griega en Mito o logos. Hacia La República de Platón. Reseña de Rodrigo Restrepo Ángel

2013/11/14

Por Rodrigo Restrepo Ángel

Con un pensamiento decantado y destilado, con una escritura diáfana e inspirada, precisa y celosa, Carlos Gaviria nos ofrece una bella clase de filosofía griega en Mito o logos. Hacia La República de Platón. Gaviria se propone un ejercicio nada fácil: seguir las huellas de los predecesores de Platón, los vectores del pensamiento griego que apuntan a la gran obra: La República, quizás la más estudiada del filósofo y sin duda una de las más influyentes del pensamiento filosófico y político de Occidente.

Pero Mito o logos es más que una pesquisa puramente intelectual. Con vital sabiduría, nos abre la fascinante caja de Pandora de la filosofía griega: la mística matemático-mitológica del órfico Pitágoras; la necesidad de conocimiento absoluto de Parménides; la vocación racional de Tales y Anaxímenes; o la profunda intuición de Heráclito de un Cosmos inteligente y del hombre, dentro de sí, preñado de sentido ético. También nos muestra la importancia capital de los mal afamados sofistas y su preocupación por lo humano y por la polis. Y, desde luego, el lugar central de Sócrates, el raro bicho que aseguraba que la voz del genio le hablaba al oído y que osaba poner en cuestión las más acérrimas creencias de la gente bajo la luz de la razón.

Ni árido, ni erudito, ni arrogante, ni pretencioso –lo que verdaderamente se agradece de un libro de filosofía–, Mito o logos deja sentir el gusto y el gozo del pensamiento. Nos propone a la filosofía como una lúdica de las ideas y, en el fondo, como una ayuda para vivir. El juego que plantea es uno harto conocido: la tensión, casi dramática, entre el mito y el logos, la poesía y la ciencia, la fantasía y la razón.

Como buen ilustrado, Gaviria no esconde su parcialidad hacia el logos, aunque se cuida de caer en una actitud intransigente: “No siempre… la razón y la fantasía constituyen polos opuestos. A menudo se hallan equitativamente fusionadas y las más de las veces muy próximas con prevalencia indistinta la una de la otra”. Justamente, reconoce Gaviria, una de las mayores virtudes de Platón consiste en “trasponer sutilmente” la aparente línea que las separa.

Y es que suele olvidarse, en una época aquejada de hiperracionalismo, que ni el mito está carente de logos, ni el logos ha superado al mito. Si algo nos mostró el siglo XX es que la razón puede caer tan fácilmente presa de la locura y del holocausto irracional como cualquier creencia supersticiosa, y que ha hecho más daño al hombre y a su medio que una relación mítica con la Tierra. Es preciso recordar que la predilección por el logos es dramáticamente reciente en la historia humana y que –muy a pesar de nuestras pretensiones ilustradas– cargamos con mucho más mito que logos en nuestra psyché. El supuesto “animal dotado de logos”, como decía Aristóteles, no está libre de las estructuras míticas que por milenios han motivado la vida de los individuos y los pueblos. La razón pura no deja de ser arrogante y contradictoria, aparte de peligrosa. Y el mito, irónico como el destino, no deja de colarse por la puerta de atrás.

Quizá por eso resulte más sabio, fructífero y humilde intentar una conjunción entre el mito y el logos, que anteponerlos en un enfrentamiento como alternativas irreconciliables. Quizá no sea tan preciso decir mito o logos, sino más bien mito y logos, como parece ser el caso de Platón y, aunque a veces no lo queramos, también el nuestro.

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