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El mundo se calienta

Andrés Borda reseña el documental Una verdad inconveniente, de Davis Guggenheim y Al Gore

2010/03/15

Por Andrés Borda

Cuando Al Gore y Davis Guggenheim visitaron Australia para promocionar el documental Una verdad incómoda, la prensa local le preguntó a John Howard, el primer ministro australiano, si pensaba ir a ver la película. Se lo preguntaron una y otra vez porque Howard ha sido tan reticente como George W. Bush, presidente de Estados Unidos, a firmar tratados ecológicos. Howard respondió que no, argumentando que no era su costumbre tomar decisiones de Estado basándose en “cintas cinematográficas”. Como el mismo Gore dijo, no estamos hablando “sólo de una película”, y tampoco estamos discutiendo sólo un documental. Es mucho más que eso si le preguntamos a los cientos de científicos que lo respaldan con sus estudios: es un mensaje de emergencia, es un llamado de acción a la humanidad entera. Y no es por ser alarmistas, pero si alguien nos asegura que el calentamiento global transformará radicalmente la geografía del planeta en tan sólo diez años y que, como consecuencia de ello, el nivel del mar ascenderá a tal punto que obligaría a millones de personas a desplazarse de sus ciudades y hogares, es muy probable que reaccionaríamos con preocupación. Una afirmación de un alcance que, al contrario de Howard y Bush, nos obliga a ver esta película.

Es posible que para muchos el calentamiento global sea un asunto nuevo. Pero no para Gore, vicepresidente de Estados Unidos y contendor de Bush en las elecciones del año 2000, quien desde hace más de veinte años ha insistido en el tema. Su historia comenzó en un salón de universidad en donde oyó, como estudiante, a un profesor de Ciencias hablar con gravedad y preocupación del calentamiento de la Tierra. Luego, convencido de que el aumento de vehículos de transporte, de sistemas eléctricos y de la explotación de fósiles y carbón como combustible acabarían con la civilización tal y como la conocemos ahora, comenzó en los años ochenta a dar conferencias a lo largo del país que años más tarde lo harían famoso. Después, en 1993, habiendo sido ya senador en Estados Unidos, publicó su libro La tierra en una balanza: ecología y el espíritu humano, en donde presentaba y abordaba diversos problemas de índole ecológica, específicamente el del calentamiento global. Y muchos años más tarde, en el año 2004 Gore estaba dando una de sus famosas presentaciones en Los Ángeles. Dos productores de cine se le acercaron y le propusieron hacer una película. Gore no lo dudó. Ahí apareció en escena Davis Guggenheim, un documentalista y director de televisión. En un año largo la película sobre el tema del calentamiento global era un hecho. Ahora, en el 2006 y varios meses después de haber sido estrenada de manera insospechadamente exitosa en Sundance, en Cannes y en Estados Unidos, se hace evidente que el lanzamiento de Una verdad incómoda ha sido el movimiento más importante y significativo dentro de la campaña de Gore para instruir a su país y al mundo entero acerca del peligro del calentamiento global. Incluso los políticos y los ciudadanos que tanto solían burlarse de él (hasta hace poco era una de las figuras políticas menos respetadas en Estados Unidos) cambiaron de opinión.

La razón para ir a ver Una verdad incómoda es el hecho de que nuestra vida, nuestras rutinas, nuestro futuro, dependen de la importancia del mensaje difundido en este documental. Aquí, nos advierten, no se criticará a Bush, ni a los republicanos, ni a los demócratas, y tampoco se intentará convertir a los ciudadanos del mundo entero en ambientalistas extremos pues la idea no es dividir al mundo sino, muy al contrario, unirlo a favor de una única causa vital y necesaria. Es por eso, porque Gore nos asegura que el problema del calentamiento global no es de índole política sino moral, y porque afirma que la supervivencia de nuestra raza y de la vida en este planeta depende de nosotros y de la manera en que actuemos de ahora en adelante, que no podemos permitirnos dejar de verla.

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