RevistaArcadia.com

El oficio del novelista

Camilo Jiménez reseña El triunfo de la muerte de Mauricio Bonnett.

2010/11/18

Por Camilo Jiménez

El célebre editor Mario Muchnik, en un artículo titulado “El oficio de editar y algunas pistas para los autores”, sentencia con Perogrullo que las novelas deben comenzar en la primera página. Agrega que pueden permitírsele 100 páginas de filosofía a Thomas Mann antes de comenzar la acción en José y sus hermanos, pero… se trata de Thomas Mann. Algún editor de una revista gringa, cuyo dato no atrapé con el alfiler de una referencia bibliográfica, señalaba en sus memorias que a los artículos enviados por escritores jóvenes hay que borrarles de un tajo los cuatro primeros párrafos antes de comenzar a leer. ¿Y saben? Casi siempre funciona: es notable la cantidad de explicaciones y justificaciones que se leen al comienzo de los manuscritos que llegan a editoriales, concursos literarios y revistas enviados por escritores en formación. Y no solo sucede con manuscritos, ni con autores noveles.

 

Esta introducción para decir que El triunfo de la muerte, la segunda novela de Mauricio Bonnett, instala al lector en la acción desde la primera página, y en la segunda ya lo tiene frente a un misterio y una tragedia aterradora. No queda más que estirar las piernas y leer. La historia transcurre en Londres a mediados de esta década, y reúne a varios colombianos implicados en un accidente y un suicidio —que no voy a adelantar para no matar el duende—. A raíz de estos hechos se cruzan las vidas de Mateo Barragán, un músico de talento opaco que ha cambiado la interpretación al piano por la divulgación en biografías de músicos, después de un matrimonio por conveniencia con una inglesa millonaria; Gabriela, otra colombiana que se rebusca la vida como estudiante y niñera ocasional; Sylvia, la inglesa millonaria; Rebecca, la amante de Mateo, y Sebastián, el medio novio de Gabriela, que cobrará un inusitado pero muy justificado protagonismo al final de esta historia.?El autor despliega toda su experiencia en escritura de guiones para presentarnos imágenes vívidas, para limar los momentos de transición y exponer una historia dinámica, para sacarle el mayor provecho al contrapunto, en virtud al cual sigue en un capítulo a Mateo y en otro a Gabriela, con los personajes que los rodean. Intercala en la acción flashbacks donde recupera la historia de los implicados, la manera como llegaron a Londres, sus motivaciones más íntimas. Quizá en estos apartes sea donde el relato pierde algo de la dinámica trepidante que despliega, pues el narrador es sumamente entrometido. Opina, califica, arma las frases según su idiosincrasia. Así, el lector termina sin saber si es el personaje o el narrador quien califica ciertos actos, obras o personas. ¿Es Gabriela o el narrador quien considera las palabras del Eclesiastés como “las más bellas de la Biblia”? (p. 88). ¿Es el personaje o el narrador quien califica en la frase “se atrevió a contarle las degradantes aventuras sexuales con sus compañeros del colegio” (p. 106)? Asimismo, el registro de los hechos se ve interrumpido por fragmentos de la biografía de Schubert que está escribiendo Mateo, así como por referencias a obras plásticas y musicales donde la muerte es protagonista. Al menos los fragmentos de la biografía, para mí, fueron prescindibles: después del segundo me salté los que vinieron.

 

Pero esa intromisión algo excesiva y los fragmentos de biografía no dejan de ser detalles menores en esta historia de muerte, neurosis, soledad y expiación compuesta con ritmo, pulso firme y economía de recursos. En el epílogo el narrador, hablando de un personaje de esta historia, destapa las cartas: “Hizo lo que hace siempre un novelista: robar, simplificar, tergiversar, crear simetrías y paralelismos para conferirle significado a eventos aleatorios y terribles” (p. 304). Ni más ni menos.

El triunfo de la muerte

Maurico Bonnett

Editorial Norma, 2010

305 páginas

$39.000

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.